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Ghosting y zombing: el fin del amor en tiempos de internet



La tecnología parece ser el nuevo filtro para iniciar una relación amorosa, pero también puede ponerse al servicio de terminar un vínculo o en dejar a una persona expectante, sin necesidad de concretar un encuentro. Para cada fenómeno nace un nuevo término y es así como se empiezan a escuchar palabras como  ghosting o  zombing. ¿Qué significan y que pueden llegar a acarrear?

El ghosting refiere a que una pareja, de a poco, desaparece de la vida del otro, hasta el punto de bloquearla del WhatsApp o borrarla de todas las redes sociales.

Por su parte, una persona practica el zombing cuando se esfuma de la vida real del compañero estable u ocasional, pero sigue mandando mensajes para “marcar territorio”. Estas “resistencias a morir” en la vida del otro se reflejan en un like en el Facebook o en Instagram o bien una conversación trivial en el plano virtual,  sin necesidad de concretar un encuentro.

El psicoanalista Juan Eduardo Tessone, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) opinó que “las formas modernas de comunicación, ya sea por sms, mails, Facebook o incluso el ghosting y el zombing, son maneras actuales de repetir la dificultad de la comunicación inherente al ser humano” y si bien reconoció que la tecnología favorece una forma de contactarse más superficial y menos comprometida, enfatizó en que no crea la incomunicación por sí misma.

Para Tessone, la brutalidad en la manera de cortar una relación no esperó el avance de la tecnología. Sin embargo, reconoce que en la actualidad “la noción de otro se ha desdibujado, se parece más a un ghost,  a un fantasma modelado por el imaginario de la persona, que a un otro con el respeto de su subjetividad” y que  “la abundancia de posibilidades ofrecidas por las redes sociales  hace que el otro pueda ser descartado y  fácilmente intercambiable”.

“No existe otro, sino alguien que se convierte en funcional a las fantasías de cada uno, y por ende como figuritas repetidas se cambian rápidamente en el mercado para llenar un álbum de fotos. Cuando interviene la mera virtualidad, la dimensión fantasmática se dispara, el otro desaparece como tal y se convierte en una mera producción de la vida imaginaria”, reflexionó.

En ese sentido, concluyó que si no se “da la cara" frente a la ruptura porque “en ese tipo de vínculos no hay rostro humano, tan sólo imágenes borroneadas que se superponen” y que de tanto “eliminar” a las personas sin palabras, pueden “suprimir” al mismo tiempo la propia subjetividad.