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Alzheimer, más allá de la falta de memoria

A 104 años de su descubrimiento, todavía no fue identificado un único factor como la causa de la enfermedad de Alzheimer. Es probable que compartan la responsabilidad una combinación de factores, incluyendo la edad, la herencia genética, los factores ambientales, la dieta y la salud general.

 

Este trastorno que suele asociarse a problemas de memoria y de razonamiento, tiene un alcance mucho mayor a medida que avanza: la persona pierde progresivamente la capacidad para cuidar de sí mismo, deja de reconocer lo que antes era conocido, presenta cambios en su conducta (quizás se vuelve más agresivo) y se deteriora su motricidad. Por último, el daño cerebral afecta el funcionamiento de los órganos: el paciente pierde el control de la vejiga, no puede moverse y sufre infecciones que el cuerpo que ya no puede combatir. Es esta afectación cerebral progresiva y generalizada la que, por lo general, termina provocando la muerte.

 

Los inconvenientes que supone en la actualidad la enfermedad de Alzheimer son dos: su diagnóstico y su tratamiento. Por un lado, son diversos los estudios por imágenes y pruebas de memoria que realizan los médicos para identificar la presencia de la enfermedad o para descartarla. Y aún cuando todo parece indicar que se trata de Alzheimer, sólo una autopsia del cerebro practicada una vez que la persona ha fallecido permite confirmar el diagnóstico.

 

Por otro lado, la enfermedad no tiene tratamiento; los medicamentos que se recetan en el presente apuntan principalmente al manejo de los síntomas y a intentar retrasar el avance de la enfermedad. Por esto, los expertos recomiendan estimular la actividad intelectual, ejercitar la memoria y participar en actividades sociales a lo largo de toda la vida.

 

La incidencia de la enfermedad de Alzheimer se incrementa a medida que aumenta la expectativa de vida. Es la demencia más frecuente en los ancianos (es el diagnóstico en el 50-60% de todos los pacientes con estos cuadros) que suele presentarse a partir de los 65 años, pero no es una consecuencia normal del envejecimiento, sino una enfermedad física que afecta el cerebro.

 

Durante el curso del cuadro se desarrollan «placas» y «ovillos» en la estructura del cerebro, lo que conduce a la muerte de las células en esa área. Por este motivo, es necesario acudir al médico cuando uno mismo o, especialmente, sus familiares o amigos detectan conductas extrañas, como olvidar el nombre o la función de objetos conocidos o de familiares o amigos, no recordar el camino al trabajo o a casa o no poder razonar ni decidir cuestiones sencillas.

 

A medida que la enfermedad progresa, las personas con Alzheimer necesitarán más apoyo de aquellos que cuidan de ellos. Con el tiempo necesitarán ayuda en todas sus actividades diarias.

Aunque existen síntomas comunes de la enfermedad de Alzheimer, es importante recordar que cada persona es única y cada individuo experimentará la enfermedad en su propia forma individual.

 

Diagóstico

 

No existe ni un solo test diagnóstico de laboratorio para determinar o confirmar la enfermedad de Alzheimer. Los métodos clínicos actuales combinan la evaluación neurológica, pruebas neuropsicológicas, las imágenes con las referencias del cuidador y el juicio del examinador. Realizado por un médico entrenado, este método tiene aproximadamente el 90% de precisión en diagnosticar la enfermedad de Alzheimer.

 

En general, el reconocimiento de las diferentes demencias depende de la integración que realiza el profesional de los datos de la historia clínica con el examen neurológico y físico general, la evaluación del estado mental y el resultado de exámenes complementarios seleccionados.

 

El diagnóstico no resolverá la situación, pero permitirá elaborar un plan para el cuidado futuro de la persona y para tomar medidas que retrasen la aparición o el agravamiento de los síntomas. Es común para los familiares o personas a cargo experimentar cansancio, ansiedad, irritación, enojo, depresión, aislamiento social o problemas de salud. La enfermedad de Alzheimer no sólo afecta al paciente, sino también a su entorno familiar, que deberá estar preparado para afrontar los desafíos que representa.

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