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Muerte súbita en niños y adolescentes

El fallecimiento de Martín Grunig, un adolescente de 13 años que se encontraba de viaje de egresados en San Carlos de Bariloche vuelve a poner el tema de la “muerte súbita” en la opinión pública. El joven se desvaneció en forma repentina y perdió el pulso mientras se encontraba de excursión en el Refugio Frey, en el Cerro Catedral.

 

Si bien médicos locales indicaron que el chico “gozaba de buena salud”, la Dra. Marisa Di Santo, Jefa de Cardiología Pediátrica de la Fundación Favaloro, sostuvo en diálogo con DocSalud.com  que “siempre debe existir un factor predisponente, pero no siempre se lo conoce”.

 

Recibe el nombre de muerte súbita la pérdida abrupta de la función cardíaca que se da de manera inesperada y sin aviso previo. Cuando ocurre, el corazón  ya no es capaz de bombear sangre al cerebro y al resto del organismo, por lo que se produce el fallecimiento en menos de una hora de iniciados los síntomas.

 

Según explicó Di Santo, estos episodios “son mucho más frecuentes en  los mayores de 35 años” . Si de proporciones se habla, la cardióloga especificó que anualmente en niños y adolescentes, se da 1,3 casos por cada 100 mil pacientes, mientras que en adultos la cifra asciende a 100 decesos cada 100 mil.

 

“Si bien no existen pautas exactas sobre cómo prevenir la patología en adolescentes y niños, sí se pueden identificar los grupos de mayor riesgo”, aclaró Di Santo. En primer lugar se encuentran los pacientes con enfermedades eléctricas primarias del corazón, entre ellas el Síndrome de QT largo congénito, también conocido como síndrome de arritmias o canalículopatías. Le siguen aquellos que padecen miocardiopatías y cardiopatías congénitas.

 

Por último, existen algunos de los factores de riesgo  “que podrían llegar a revertirse”, relató la cardióloga. Entre ellos están el llamado Síndrome de Wolf-Parkinson-White, caracterizado por una vía anómala en el corazón, “que actúa como una especie de cable extra” y las miocarditis agudas, cuando el corazón se inflama. A su vez están las causas secundarias, relacionadas a medicamentos que producen arritmias. Cuando se dejan de tomar estos fármacos, los síntomas desaparecen.

 

Pero según advirtió Di Santo, las afecciones en este grupo etario que vuelven a los pacientes vulnerables cambian cuando se relacionan con la práctica de algún deporte. Entre las primeras causas de muerte súbita se ubican la miocardiopatía hipertrófica y la displasia arritmogénica del ventrículo derecho. Después le siguen las anomalías coronarias y las canalículopatías.

 

“La población adulta posee más conciencia de los factores de riesgo para padecer muerte súbita, entre ellos la diabetes, el colesterol, el perímetro de cintura y el tabaquismo”, sostuvo la cardióloga. Pero luego agregó que  “los niños y adolescentes que la sufren tienen algún antecedente en todos los casos, sólo que no siempre lo saben o lo informan al médico, ya que tal vez no lo saben”, agregó. Es que según explicó Di Santo, los jóvenes pueden ignorar las afecciones de algún pariente que viva en el interior del país, o tal vez en qué forma falleció un abuelo.

 

De todas formas, la cardióloga recomienda “no alarmarse, pero tampoco minimizar el problema y consultar al médico para comprobar su gravedad”. Ante síntomas como palpitaciones, dolor de pecho, síncopes o mareos, Di Santo sugiere no demorar al especialista, donde al paciente se le hará en primer lugar un interrogatorio clínico para comprobar antecedentes y después será derivado para realizarse en un principio un electrocardiograma.

 

Pero una vez producido el episodio, “lo primero que debe hacerse es chequear los signos vitales y comprobar si el paciente tiene pulso; luego se deben ejecutar maniobras de resucitación”, concluyó la médica.

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