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¿Qué pasa con las infecciones?

En los últimos años hemos visto, a través de la prensa, que un virus como el Ébola causan tremendos brotes en África, que la peste reaparece en la India, que el hantavirus -que desde hace unos años afecta a nuestro país- se observa en  EE.UU. en forma generalizada, inclusive en Miami y en Nueva York. Esta infección, transmitida por roedores, se ha extendido también a casi todo el mundo.

 

Poco tiempo atrás, los medios de comunicación dieron noticia de algunas infecciones severas como la encefalitis de la vaca loca, en Inglaterra, y las diarreas sanguinolentas por Escherichia coli o 157:H7, que aparecieron por consumir carnes insuficientemente cocidas y contaminadas, en EE.UU., Europa y en nuestro país.

 

En relación con la “vaca loca”, debemos recordar que estas enfermedades del sistema nervioso son producidas por partículas proteicas llamadas priones, que constituyen un nuevo agente infeccioso asociado a cuadros degenerativos del sistema nervioso.

 

Estos padecimientos tienen un largo período de incubación, desde un año hasta décadas. La forma más común en humanos es la enfermedad de Creutzfeldt Jakob (CJD), que produce una demencia progresiva similar a la de la “vaca loca” y el “scrapie” en las ovejas.

 

En el caso de la enfermedad de CJD, las alteraciones neurológicas y la demencia son progresivas, y el pronóstico, en consecuencia, grave. El cuadro es poco común: se considera que se presenta un caso cada millón de habitantes, y afecta tanto a mujeres como a varones.

 

La aparición, en los últimos años, del brote de encefalitis espongiforme bovina, conocida como enfermedad de la “vaca loca” en Inglaterra, llevó a estudiar la posibilidad de que la carne de vaca y sus productos pudieran transmitir CJD.

 

Desde 1986, año en que aparecieron los primeros casos, se registraron por lo menos doce personas con esta encefalitis, de características distintas de las anteriormente descriptas, y que afectaron, fundamentalmente, a pacientes menores de 40 años, a diferencia de las edades “clásicas”, que oscilaban entre los 50 y los 70, y con un período de incubación más corto.

 

Este brote en bovinos nos enseñó que no podemos alterar la alimentación natural de los animales, como se hizo en Inglaterra, cuando se administró a las vacas un suplemento de alimentos contaminados con material del cerebro de corderos infectados con el virus de “scrapie”. Como resultado de esta transgresión, se produjo la muerte de más de 150.000 animales, la disminución de la venta de carnes y la desconfianza en muchos otros países consumidores de este vital alimento, especialmente si provenía del país.

 

La enfermedad de la “vaca loca”, por suerte, no se ha detectado en la Argentina, pero es importante mantenerse alertas, fundamentalmente porque ahora conocemos que los priones son los responsables de estas infecciones.

 

Otro de los problemas surgidos en los últimos años es la reaparición del dengue en América. Durante la última década, se reportaron cientos de miles de casos y más de diez mil infecciones severas. En 2008, América Latina registró 909.000 afectados por dengue clásico y 19.504 por dengue hemorrágico. En nuestro país, desde su reingreso en 1997, ha dejado de ser una mera amenaza ya que enfrentamos un brote epidémico en algunas áreas del norte, y amplias zonas del territorio nacional que se encuentran infestadas por el mosquito Aedes aegypti, especie responsable de su transmisión.  El año pasado, el número total de personas infectadas ascendió hasta 27.848. Cuando el mosquito pica a una persona enferma con dengue, se infecta con el virus y puede transmitirlo en cadena al picar a otras personas.

 

En general, el dengue se manifiesta como un cuadro gripal de inicio brusco con fiebre alta, cefalea y dolores musculares intensos; en algunos casos, una erupción cutánea acompaña estas manifestaciones. A veces la infección no produce síntomas; otras, por el contrario, pueden ocasionar cuadros severos que se caracterizan por las hemorragias, como es el caso del dengue hemorrágico, y cuadros con profundo compromiso orgánico que conducen al estado de shock, como el síndrome de shock dengue que, por suerte, ocurre con poca frecuencia.

 

El último año tuvimos la primera pandemia de este siglo producida por el virus de la Gripe A H1N1. Afectó a más del 20 % de la población en la Argentina. Si bien más del 90% tuvieron formas benignas, vimos muertes en jóvenes, embarazadas y obesos, habitantes que no estábamos acostumbrados a ver con la gripe estacional. Este año el Ministerio de Salud de la Nación esta desarrollando una campaña de vacunación con más de 10 millones de dosis y consideramos que vamos a tener menos casos de gripe.

 

Como vemos, las infecciones existieron, existen y existirán. Lo importante y positivo frente a esta situación es que actualmente, con los adelantos tecnológicos, es posible identificar rápidamente a nuevos gérmenes responsables de estas infecciones llamadas emergentes o reemergentes, definir su transmisión y desarrollar los métodos para controlarlas.

 

La infectología médica ha tomado tal relevancia últimamente que ya existen sociedades dedicadas a nuclear a todos los que trabajan e investigan sobre el tema. A partir de esta rápida información que la  ciencia brinda hoy sabemos, por ejemplo, que podemos prevenirnos del sida practicando sexo seguro y evitando la contaminación por sangre. Frente al peligro del hantavirus, reconocemos la importancia de cuidarnos de entrar en lugares cerrados que puedan haber estado contaminados por orina o excrementos de ratones. Para evitar la diarrea sanguinolenta, especialmente en niños, que se produce por la E. coli o 157:H7, es importante tener presente que la carne en general, y  especialmente carne picada, deben estar bien cocidas. Por otra parte, hemos aprendido que si nos vacunamos contra la hepatitis B podemos evitar muchos cánceres de hígado. Respecto de la malaria y la fiebre amarilla, conocemos la profilaxis adecuada para aplicar, sobre todo si viajamos a lugares donde existen estas infecciones.

 

En resumen, periódicamente nos veremos sorprendidos porque las infecciones seguirán apareciendo o reaparecerán. Sin embargo, hoy la ciencia nos brinda información rápida y segura acerca de las que emergen, a quiénes afectan, por qué aparecen, y fundamentalmente nos dice qué podemos hacer para prevenirlas o controlarlas.

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