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Tecnología ayuda a niños autistas a establecer lazos sociales

Responder preguntas a través de computadoras personales portátiles, seleccionar pedidos tocando imágenes en dispositivos con salida de voz, activar botones luminosos con mensajes variados según el ambiente o la actividad a realizar son  algunos ejemplos de tecnología aplicada a niños con autismo.

En relación a este trastorno, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM IV) postula, entre otros síntomas y como criterio de detección, la presencia de una “alteración cualitativa de la comunicación”, cuyas manifestaciones pueden implicar desde “una ausencia total del lenguaje oral y gestual”, hasta “el uso estereotipado y repetitivo del mismo”, o, “en personas con habla adecuada, una alteración para iniciar o mantener conversaciones”.

La aplicación de la tecnología al abordaje de la discapacidad se plantea bajo el concepto de Tecnología Asistiva (TA). La Ley de Asistencia Técnica (DP) 100-407 de EEUU, la define como “cualquier artículo, pieza de equipamiento o sistema de productos, ya sea adquirido comercialmente, fabricado, modificado o personalizado, que se utiliza para aumentar o mejorar las capacidades funcionales de los individuos”.

En los dispositivos considerados de alta tecnología, las imágenes (fotos o pictogramas) actúan como “aumentadores” de la comprensión. El sonido que se genera reemplaza al lenguaje oral y, en forma  simultánea, refuerza y retroalimenta las selecciones. Los colores brillantes, los contrastes, las señales luminosas y los mensajes de estructura simple resultan atractivos para los niños y propician intercambios sociales, además de favorecer el despliegue de la gramática y el significado. 

Pero para obtener resultados, la aplicación de tecnología para mejorar la comunicación en niños con autismo debe ser abordada por un equipo terapéutico interdisciplinario, conformado por un esquema básico de psicólogos, psicopedagogos, terapistas ocupacionales y fonoaudiólogos, siendo estos últimos quienes se ocupan de delinear los objetivos específicos del área de la comunicación.

Cuando el lenguaje expresivo está ausente o es ineficaz para transmitir mensajes claros, el fonoaudiólogo trabaja en la implementación de los dispositivos tecnológicos, habilitando y estimulando “otras formas de comunicación (además de la oralidad), que se utilizan para expresar pensamientos, necesidades, deseos e ideas”. Este “reemplazo” o “aumento” del lenguaje oral, y el conjunto de recursos y estrategias para implementarlo, se engloban bajo el concepto de Comunicación Aumentativa-Alternativa.

Luego de la evaluación integral de las habilidades del niño, todo el equipo define qué dispositivo se ajusta mejor a su realidad bio-psico-social y cultural. El costo elevado, la poca accesibilidad y el hecho de que muchos proceden del extranjero acotan las opciones en el proceso de selección de los dispositivos. No obstante, los equipos de trabajo con objetivos terapéuticos claros y pautados en conjunto con la familia pueden idear, generar, adaptar e implementar objetos fabricados con tecnologías de baja complejidad y menor costo, que proporcionen una alternativa adecuada para las funciones a trabajar y permitan alcanzar las metas esperadas.

Pero la selección de la tecnología apropiada es tan sólo el inicio del proceso. Le sigue una etapa de entrenamiento y aplicación en diferentes contextos, para lograr el uso funcional del dispositivo, es decir, para integrarlo a la vida cotidiana del niño y su entorno familiar, escolar y social.

El alcance de estas estrategias terapéuticas es enorme. En el caso de un paciente de 10 años que asiste a un centro educativo terapéutico y se manifiesta con berrinches y autoagresiones durante actividades pautadas en su sala, nuestro equipo interdisciplinario sugirió el uso de un dispositivo de mensaje único, activado a presión, que emite el mensaje pre-grabado “quiero descansar”, ya que el niño no utiliza lenguaje expresivo pero tiene buena comprensión de la información visual icónica.

Inicialmente, usamos este recurso  en el espacio de fonoaudiología, en el marco de actividades estructuradas que son similares a las de la sala escolar. El dispositivo permite al niño interrumpir la actividad al activarlo. Cuando es capaz de comprender la consecuencia contextual de esta acción, la intervención se traslada al ámbito del centro educativo. El aparato seleccionado (Supertalker, de la firma Ablenet) tiene un formato que permite, además, delinear objetivos de mediano y largo plazo, al aumentar progresivamente el número de mensajes con significados funcionales.

Resulta clave entonces la consulta a profesionales especializados en el tratamiento del autismo, para que puedan evaluar las particularidades de cada caso y delinear la estrategia terapéutica que mejor potencie los rasgos del niño que favorecerán su integración social.

La Lic. Mariángeles Demaris es miembro fundadora de Diálogos Espacio Terapéutico (Rosario, Santa Fe – http://www.dialogosrosario.com.ar/), un equipo interdisciplinario de profesionales de la salud formados para la atención del niño.

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