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Vinculan apneas del sueño con hipertensión

Las apneas, una interrupción mayor a diez segundos del ciclo normal de sueño, inciden en el aumento de presión arterial, lo cual incrementa el riesgo de infartos, y genera agotamiento durante la vigilia en las personas que padecen el trastorno.

 

La evidencia formó parte de la discusión del 17mo. Congreso Argentino de Hipertensión Arterial, que deliberó con más de 3.500 participantes.

 

«Entre las causas que producen hipertensión se cuentan las apneas del sueño, que se presentan fundamentalmente en gente obesa y roncadores, aunque esto no significa que todas las personas que roncan tengan apneas», afirmó Daniel Suárez, presidente del Congreso.

 

Al interrumpir el ciclo normal del sueño, este trastorno genera durante la vigilia menor rendimiento, dificultades cognitivas, cansancio excesivo, somnolencia, mal humor y propensión a accidentes.

 

Por diversos factores endógenos que se investigan, las apneas -que significa «sin respiración«- generan procesos que incrementan sostenidamente la presión arterial y las posibilidades de infarto.

 

Los especialistas locales que participaron del encuentro organizado por la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial, estimaron que un 30% de los hipertensos padecen el trastorno, en tanto, entre un 40 y un 70% de los pacientes con apneas obstructivas tiene hipertensión.

 

Según datos de la Sociedad Americana de Cardiología, en Estados Unidos sólo está pronosticada un 15% de las personas que sufre apneas del sueño obstructivas.

 

Gustavo Caruso, jefe de la unidad de Hipertensión Arterial del Hospital Ramos Mejía, afirmó que «además de los trastornos en la calidad de vida, por somnolencia diurna, disminución de la memoria y la capacidad de concentración y cefaleas matutinas, produce daños a nivel cardiovascular, cerebrovascular y renal que hacen que las apneas del sueño sean un problema de salud pública«.

 

Entre las medidas de prevención, los profesionales recomendaron, si hay sobrepeso, bajar de peso; evitar el sedentarismo con ejercicio físico regular, como una caminata diaria de 40 minutos; consumir una dieta variada rica en frutas, verduras y productos lácteos descremados; no abusar del alcohol y reducir el consumo de sal o suprimirla en caso de padecer hipertensión.

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