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Se comprobó que al menos 3 de cada 10 hipertensos podrían sufrir daño cognitivo

La hipertensión podría provocar daño cerebral (Foto: Pixabay)

En la Argentina, mueren por año cerca de 100 mil personas por enfermedades cardiovasculares y 1 de cada 3 fallecimientos (37,3%) se evitaría si la gente tuviera bajo control su presión arterial. Por Alzheimer y otros trastornos mentales y del comportamiento, fallecen anualmente en nuestro país cerca de 7 mil personas.

Existe una estrecha relación de ida y vuelta entre los factores de riesgo y la patología que afectan tanto al cerebro como al corazón. En igual sentido se debe considerar el vínculo entre la depresión y la enfermedad cardiovascular. Hay estudios que demuestran que tener depresión aumenta un 30% el riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio y duplica el riesgo de muerte cardiovascular a largo plazo.

“El incremento de la expectativa de vida trae aparejado un aumento de casos de Alzheimer y otras demencias. Entre los principales factores de riesgo modificables que afectan al cerebro y producen este tipo de daños se destaca la hipertensión arterial”, sobre este tema se discutió en el reciente evento regional denominado NCD Fórum ‘Haciendo visible lo invisible: tomando conciencia de las enfermedades no transmisibles’, del que participaron especialistas de la Región Andina y el Cono Sur en forma virtual, organizado por la División Upjohn del laboratorio Pfizer, con el auspicio científico de la Asociación Argentina de Psiquiatras (AAP), así como de otras importantes asociaciones científicas de Chile y Colombia.

 

Cuáles son los valores de hipertensión

Se considera hipertensión arterial cuando luego de tres mediciones consecutivas, en m&aaacute;s de una oportunidad, los valores registrados son iguales o superiores a 140/90 mmHg. Constituye el principal factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, incluidas las cerebrales. Según la Organización Panamericana de la Salud, las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en la mayoría de los países de este continente y son responsables del 30% de los fallecimientos en la región.

“En general, cuando los clínicos y los cardiólogos atienden a un paciente con hipertensión arterial, evalúan el estado de su corazón a través de una ecografía y/o de un electrocardiograma y revisan el riñón mediante un estudio de laboratorio de función renal, pero no estudian el cerebro, que es algo muy importante”, sostuvo el Dr. Augusto Vicario, coordinador de la Unidad Corazón-Cerebro del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA), quien disertó en el marco del Fórum sobre “Corazón y Cerebro”.

 

Qué daños produce tener la presión alta

Tener la presión elevada daña el riñón, el corazón y el cerebro, aunque su relación con el daño cognitivo no está lo suficientemente difundida. Las últimas guías internacionales sobre hipertensión de las Sociedades Europeas de Hipertensión y Cardiología reconocieron la función cognitiva (y su declive) como un daño orgánico mediado por la hipertensión. De hecho, el daño cerebral puede ser el único daño orgánico mediado por hipertensión en más del 30% de los hipertensos y evolucionar sin ser detectado durante varios años si no se examinan adecuadamente o si no tienen su presión arterial bajo control.

Cuando alguien desarrolla hipertensión arterial, las paredes de sus arterias comienzan a perder elasticidad y las características propias de su función se alteran, este daño incluye a los pequeños vasos cerebrales que irrigan la subcorteza del cerebro. La lesión va produciéndose lentamente y lastima vascularmente todo lo que está en la subcorteza cerebral. “Estas lesiones vasculares, comprometen las conexiones entre las neuronas alterando la función cognitiva 10 o 15 años después”, detalló el Dr. Vicario.

Se estima que más de mil millones de personas en el mundo tienen HTA y 50 millones, demencia. En la Argentina, según la 4a Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, la más reciente, presentada en 2019, un 34,6% de la población autorreportaba presión arterial elevada, mientras que se producen cerca de 100 mil muertes por enfermedades cardiovasculares al año en nuestro país y se considera que el 37,3% podría evitarse si la gente tuviese controlada su presión arterial. En cuanto a los trastornos mentales y del comportamiento incluida la enfermedad de Alzheimer, causan la muerte de cerca de 7 mil personas por año.

 

Cómo detectar el daño

“La hipertensión arterial es una enfermedad silenciosa; la mayoría de los síntomas que la gente atribuye a la hipertensión no son tales. Para detectar daño cognitivo, no se puede indicar resonancias magnéticas o tomografías de cerebro a todos los pacientes, pero sí puede evaluarse el funcionamiento cognitivo a través de test sencillos en el consultorio, cuyos resultados son un indicador muy preciso”, indicó el Dr. Vicario.

 

El riesgo de tener depresión

Pero no sólo la hipertensión arterial se constituye como un factor de riesgo para el deterioro cognitivo. Hoy se sabe que las enfermedades psiquiátricas como la depresión o los trastornos de ansiedad, también facilitan la presencia de enfermedades cardiovasculares y éstas a su vez se relacionan con una mayor probabilidad de tener enfermedades psiquiátricas, es una relación de ida y vuelta. “Dentro de afecciones psiquiátricas, la más frecuente de encontrar es la depresión. Esto en parte es así porque quienes padecen enfermedades cardiovasculares que limitan su funcionalidad, como una falla cardíaca, por ejemplo, pueden tener más fácilmente síntomas depresivos y llegar a constituir un trastorno psiquiátrico como la depresión”, así lo explicó el Dr. José Manuel Santacruz Escudero, médico psiquiatra y psicogeriatra y presidente de la Asociación Colombiana de Psiquiatría que compartió el panel con el Dr. Vicario y brindó una charla denominada “Riesgo cardiovascular y Salud mental”.

“Algunos datos estadísticos refieren que, en personas con falla cardíaca en estadíos muy avanzados, hasta el 40% de estos pacientes puede tener una condición comórbida con depresión, es un número muy alto. Por otra parte, dependiendo de la severidad de la enfermedad, también varía la frecuencia de la depresión. Si la enfermedad cardiovascular es más leve, manejable, la proporción de depresión es menor. También se observó que las personas con enfermedad vascular cerebral con mucha frecuencia presentan depresión, se estima que aproximadamente 1 de cada 4. No hay que olvidar que hay personas que tienen depresión constituida y otras que tienen síntomas depresivos y que no se categorizan como enfermedad, se denominan ‘depresiones menores’, pero igual tienen sufrimiento emocional, allí los números pueden ser mucho más elevados”, aseveró el Dr. Santacruz Escudero.

Las consecuencias de no tratar la depresión, una situación que puede haberse agravado durante el último año debido a la pandemia por Covid-19, pueden ser múltiples, ya que la depresión se encuentra asociada con peor calidad de vida, aislamiento social, disminución en los ingresos, aumento de los conflictos familiares, como su asociación con otras patologías.

“No tratar la depresión aumenta el riesgo de otras enfermedades. Hay estudios que demuestran que tener depresión aumenta el riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio, ese incremento puede ser incluso de hasta un 30%. A su vez, tener depresión también se relaciona con mayores tasas de enfermedad de Alzhéimer o demencia en la vejez”, indicó el Dr. Santacruz Escudero.

 

Herramientas terapéuticas

Una vez detectado el deterioro cognitivo, se debe continuar con los algoritmos diagnósticos implementando estudios como: resonancia magnética, dosaje de vitamina B12 y hormona tiroidea que permitirán descartar otras causas de deterioro cognitivo distintas de las causas vasculares, así como controlar los factores de riesgo vasculares (hipertensión, diabetes, dislipidemia) y las conductas de riesgo tales como el sedentarismo o el tabaquismo.

“En esta instancia, cobran jerarquía los medicamentos antihipertensivos, los cuales han demostrado retrasar la declinación cognitiva propia del envejecimiento, el comienzo de la demencia e inclusive mejoran muchos el funcionamiento de varios dominios cognitivos”, señaló el Dr. Vicario.

La causa más frecuente de demencia es la enfermedad de Alzheimer (casi un 70% de los casos), le sigue la demencia vascular (en un 15% de los casos) y detrás otras formas menos frecuentes. En el 80% de los casos las demencias son formas mixtas, en las que combinan tanto los fenómenos degenerativos propios de la enfermedad de Alzheimer con las lesiones vasculares.

“No sabemos aún cómo actuar sobre el fenómeno degenerativo del Alzheimer; no se desarrolló todavía la droga que modifique significativamente el curso de la enfermedad, pero está demostrado que dejar de fumar, controlar la hipertensión arterial y bajar los niveles de colesterol con drogas como las estatinas, en otras medidas a contribuido a que los cerebros de las personas que sufren hipertensión presenten menos lesiones vasculares y sufran menos fenómenos involutivos”, graficó el Dr. Vicario.

 

Claves para retrasar el deterioro cognitivo

Un estudio finlandés demostró que controlando los factores de riesgo vasculares, realizando actividad física regular, dieta y con una adecuada estimulación neurocognitiva se logró evitar o retrasar el comienzo de problemas cognitivos de los pacientes y mejorar el rendimiento cognitivo en aquellos que tenían diagnosticado un deterioro cognitivo previo. Eso sí, aclaró el especialista, “si el deterioro está muy avanzado, solo quedan dos herramientas paliativas o sintomáticas: como la estimulación neurocognitiva dirigida a los dominios cognitivos que están afectados y medicaciones específicas”.

Por su parte, el Dr. Santacruz Escudero, remarcó, en relación a la depresión como factor de riesgo para otras enfermedades, que muchas veces las personas que comienzan a deprimirse no consultan, porque les da vergüenza, por miedo a ser juzgados y otras veces porque no se dan cuenta de la severidad de sus síntomas.

“Estas enfermedades crónicas van empezando de a poco y la persona que lo vive se va acostumbrando a estar mal y consulta tarde, en un estado severo. Es muy importante la observación desde afuera, por parte de familiares, amigos, estar atentos a cómo están emocionalmente los demás. La tristeza es un síntoma cardinal de la depresión, pero no toda tristeza significa que la persona esté deprimida. Si la tristeza va unida a menor rendimiento escolar, social, a malas relaciones interpersonales o las personas que ya no quieren trabajar, salir con sus amigos y hacer las cosas que normalmente le llamaban la atención, estamos ante un síntoma de depresión. Por otra parte, los niños y adolescentes tienen otros signos: están irritables, enojados, contestan mal, y tenemos que estar alerta a estas situaciones. Hay que preguntarle qué le pasa a la persona porque eso le quita presión al asunto y puede hablar”, concluyó el Dr. Santacruz Escudero.

 

 

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