Juego de la asfixia: un pasatiempo mortal

En busca de emociones fuertes, los jóvenes que lo practican quieren alcanzar un estado de euforia logrado tras la falta de llegada de oxígeno al cerebro. Pero una vez lograda la inconciencia, el deceso puede llegar en menos de cinco minutos.

Estamos en la era de los extremos, desde los deportes hasta los “reality shows” y las conductas de entretenimiento de riesgo. Los juegos asfícticos, que en los medios de comunicación e Internet suelen denominarse el “juego de la sofocación o de la asfixia” (en lengua inglesa the choking game) constituyen un comportamiento de búsqueda de emociones fuertes entre los jóvenes. Los informes recientes indican que el conocimiento y la participación en tales actividades son más comunes de lo que suponen la mayoría de los adultos, incluyendo los profesionales de la salud.

 

Consisten en aplicar presión sobre el cuello con las manos u otro objeto, como por ejemplo un cinturón, una corbata o un lazo, con la finalidad de alcanzar un estado de euforia secundaria a la falta de llegada de oxígeno al cerebro o hipoxia cerebral. ¿Por qué esta conducta es considerada divertida? La respuesta está en los cambios que se producen en el flujo de sangre al cerebro. Inicialmente la presión colapsa las venas del cuello, queda atrapada sangre con poco oxígeno en el cerebro produciendo una sensación de mareo. Al descomprimir, se produce un flujo importante de sangre cargada de oxígeno generando una sensación de euforia placentera. El peligro radica en que la distancia entre estar mareado a pasar a estar inconciente es una delgada línea que puede llevar a la muerte.

 

Sabemos que no son entretenimientos nuevos y que los juegos de asfixia eran practicados por chicos de generaciones anteriores. La diferencia es que actualmente su difusión en Internet a través de videos seduce a millones adolescentes sin ninguna advertencia sobre el peligro que implica. También existen diferencias en cómo se llevan a cabo: en los juegos de hoy es más frecuente el uso de cinturones, o lazos para apretar el cuello y, quizá lo más importante, se juega solo, sin estar acompañado por alguien que pueda alertar y ayudar. Una vez inconciente, si nadie acude a aflojar el lazo, sucede la muerte por asfixia en 1 a 5 minutos. 

 

Hay muy pocos estudios publicados sobre la práctica y la difusión de este fenómeno. De hecho, la mayoría de los padres de los niños fallecidos desconocían esta actividad. En EEUU se reportaron 82 muertes por el juego de la asfixia en el período 1995 a 2007, la mayoría eran varones de 11 a 16 años.  Este año el Centro para la Prevención y el Control de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) publicó los resultados de una encuesta sobre salud en adolescentes en el cual una de las preguntas se refería al juego de la asfixia. De unos 7 mil chicos que respondieron la encuesta, más del 30% conocían el juego, 2,7% había ayudado a otro a participar y 5,7% lo había experimentado personalmente. En otro trabajo realizado por Andrews y  publicado en el Journal of Pediatrics, el 40% de los pacientes que sobrevivieron al juego de la asfixia no conocían ni habían percibido el riesgo asociado a esta actividad. 

 

Existen  signos de alarma que deben llamar la atención de los padres, como señal de que sus hijos están involucrados en estos pasatiempos, incluyendo hematomas o lastimaduras de uno o ambos lados del cuello, el uso continuo de ropa o pañuelos para ocultar el área, la aparición de múltiples puntos rojos llamados petequias en las ojos y en la cara, los dolores cabeza frecuentes y la costumbre de pasar mucho tiempo a solas en la habitación.

 

Este pasatiempo es casi como “una ruleta rusa”.  La prevención pasa por alertar sobre los peligros del juego: así como los padres conversan con sus hijos sobre otras conductas de riesgo como el consumo de alcohol y de drogas, es importante dialogar respecto a esta actividad,  explicarles que es muy peligrosa y potencialmente mortal.

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