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Agua baja en sodio, ¿innecesaria?

Según la OMS, la recomendación de consumirla para reducir la presión arterial no tiene sustento científico en la mayoría de las personas. Sólo se aplica para casos específicos de hipertensión severa. 

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la recomendación de consumir agua con bajo sodio para cuidar el corazón y la presión arterial no tiene ningún sustento científico en el caso de la gran mayoría de las personas-

Los especialistas no adscriben a ningún tipo de restricción para el consumo de agua, sea de canilla, mineralizada o mineral natural, al que califican como un hábito nutricional saludable.

Es frecuente que las personas reciban recomendaciones, muchas veces de profesionales de la salud, para que consuman agua con menos de 20 miligramos de sodio por litro, con el fin de cuidar la presión arterial, aunque la cantidad de ese mineral ingerida por el líquido vital sea insignificante.

Ricardo Iglesias, médico cardiólogo y expresidente de la Fundación Cardiológica Argentina, aseguró que esa creencia «no se enmarca en ninguna evidencia científica».

En el mismo sentido, Iglesias indicó que sólo es pertinente esa prescripción en caso de hipertensión arterial severa y refractaria, insuficiencia cardíaca en CF IV y en pacientes con ascitis por insuficiencia hepática descompensada, los que requieren de una ingestión diaria de sodio de menos de 400 miligramos.

El especialista recordó que «la Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que el agua no contribuye significativamente en la ingesta total diaria de sodio, excepto en aquellas personas que requieran dietas muy restringidas en este mineral».

Además, consideró que debe «revisarse» la recomendación a las personas con hipertensión de consumir aguas de menos de 20 miligramos por litro de sodio.

Asimismo, el médico sostuvo que en algunos casos las aguas con niveles superiores de sodio poseen, entre otros minerales, bicarbonato y potasio, que contribuyen a controlar la presión arterial.

Para Iglesias, restricciones en el consumo de agua pueden llevar a la gente a beber gaseosas e infusiones azucaradas, que pueden acarrear serios perjuicios para la salud.

«Beber agua no representa un riesgo cierto en cuanto a la ingesta de sodio. Al momento de hidratarnos debemos prestar mayor atención al exceso de calorías proveniente de bebidas e infusiones azucaradas, que acarrea otros problemas de salud igualmente preocupantes como exceso de peso, entre otros», enfatizó.

Por otro lado, Iglesias puso énfasis en la «estrecha relación» del consumo de sal en la hipertensión arterial, un factor de riesgo que persiste en un tercio de la población argentina mayor de 18 años.

La presión arterial elevada explica el 62% de la enfermedad cerebrovascular y el 49%de la enfermedad coronaria.

En el marco del programa «Menos sal, más vida», promovido por el Ministerio de Salud de la Nación, se advierte que más del 60% de la sal que consumimos proviene de alimentos procesados.

La iniciativa prioriza cuatro grupos de alimentos para la reducción de sodio (productos cárnicos y derivados, farináceos -cereales, legumbres, tubérculos y frutos secos-, quesos, sopas, aderezos y conservas), sin incluir a aguas y bebidas sin alcohol, por no presentar éstas un riesgo significativo. 

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