UN FACTOR CLAVE PARA PERDER PESO |

Cómo comer con placer al hacer dieta

Muchas veces se piensa que la dieta es un sacrificio enorme, que agonizar y pasar hambre es una alimentación saludable. Sin embargo, el placer es un componente esencial para cambiar nuestra mentalidad y nuestra relación con la comida.

Consejos para hacer dieta sin dejar de disfrutar de la comida (Foto: Pixabay)
Consejos para hacer dieta sin dejar de disfrutar de la comida (Foto: Pixabay)

Estamos tan acostumbrados a creer que la dieta es restrictiva que pensarla desde el goce puede sonar paradójico. Pero cultivar una actitud indulgente con la comida puede ser la mejor manera de controlar el peso. La manera en la que pensamos en lo que comemos puede moldear nuestro apetito a través de múltiples vías psicológicas y fisiológicas. Si nuestras creencias influyen en la forma en que nuestro cuerpo responde a los alimentos, ¿será posible que un simple cambio de mentalidad pueda ayudarnos a controlar nuestro peso? ¿Podrá ayudar a mantener dietas y una alimentación sana a largo plazo?

El apetito está influenciado por señales del sistema digestivo que ayudan a medir la cantidad de alimentos que hemos consumido. Pero también dependemos de las fuentes de información que vienen de la mente, como por ejemplo, recuerdos de cosas que hemos comido, sabores, expectativas o experiencias. Esta información es interpretada por el cerebro para que le dé sentido a las señales físicas y determine nuestro hambre.

Hay muchas cosas que pueden influir en esas expectativas, como las etiquetas de los alimentos, presentación, sabores, y gustos. En un experimento, los participantes recibieron una barra de proteína. Para un grupo fue etiquetada como una barra saludable que contenía altos niveles de proteínas, vitaminas y fibra, mientras que para el otro grupo, la describieron como un bocadillo sabroso de chocolate y un núcleo de frambuesa.

El objetivo era descubrir el efecto tiene el etiquetado en el hambre que reportaron los participantes después de comer la barrita. La gente asumió que la barrita saludable era menos satisfactoria, así que se sintieron menos llenos que los que consumieron la barrita pensando que era una golosina. De hecho, los participantes del grupo de la barrita saludable pronto tuvieron más hambre que los participantes que no habían comido ninguna de las dos barras.

Está comprobado que la mentalidad puede cambiar nuestra respuesta hormonal a los alimentos. A principios de la década de 2010, Alia Crum, una psicóloga de la salud de la Universidad de Stanford, llevó a cabo un experimento donde le dio a los participantes dos licuados en días distintos. Lo mismo que con la barra de chocolate, el contenido nutricional era el mismo y sólo cambiaba el etiquetado y la presentación. Una etiqueta decía que el licuado estaba hecho con helado suave y que tenía 620 calorías en total. Mientras, el otro licuado estaba etiquetado como ligero y saludable, y tenía sólo 140 calorías.

Antes y después de que los participantes tomaron los licuados, Crum tomó muestras de sangre para medir los niveles de grelina, una hormona que estimula el hambre y generalmente cae después de haber comido, y descubrió que las etiquetas por sí solas afectaron la presencia de la hormona. La grelina subió y luego cayó mucho más drásticamente cuando los participantes vieron la etiqueta que enfatizó los aspectos placenteros de la comida en comparación con los que vieron la etiqueta que enfatizó su bajo contenido calórico. La respuesta del cuerpo en el primer caso era parecida a la respuesta que normalmente se ve después de una comida satisfactoria.

El cambio de grelina puede ser especialmente importante ya que la hormona también puede reducir el metabolismo. Es decir que las expectativas de privación podrían evitar que el cuerpo queme tanta energía, lo que hace que la pérdida de peso sea aún más difícil.

Además, estas actitudes pueden influir en la rapidez con la que los alimentos se mueven a través del sistema digestivo e incluso en la absorción de nutrientes importantes como el hierro.

Entonces, al privarnos de la comida que queremos es muy probable que obtengamos menos beneficios de la comida. Cuando intentamos perder peso es fundamental tener presente el placer que nos trae comer. Por supuesto que podemos consumir alimentos con menos calorías, pero también debemos asegurarnos de que sea una comida que nos guste.

Otro aspecto importante es evitar los sentimientos negativos que frecuentemente acompañan los “permitidos” ocasionales, porque no son productivos. Es poco probable que una dieta relámpago sea mucho más fácil con este cambio de mentalidad, pero es muy útil para los regímenes que involucran una reducción razonable de calorías durante un período prolongado y sostenido.

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