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Nuevo enfoque

Arte y alegría durante la quimioterapia

Por Ana Paula Cordero. ¿Se puede sonreír y aprender a pintar en una sala de hospital? La respuesta es sí y lo prueba el trabajo de “Donde Quiero Estar”, que funciona desde 2006 en el Hospital de Clínicas. A poco de celebrarse el Día del Cáncer, este abordaje propone que la creatividad alivie el dolor y brinde esperanza.



Desde 2006, en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires se desarrolla un método innovador: dar clases de arte a los pacientes mientras reciben el tratamiento. Se llama Donde Quiero Estar porque la pintura los traslada mentalmente lejos de la sala de quimioterapia hacia donde desearían ir. En las paredes se pueden ver cuadros ya terminados y las mesas se transforman en bastidores llenos de color. Para muchos, es la primera vez en sus vidas que tienen la oportunidad de tomar un pincel y dedicar un tiempo a la creatividad. Así, los miedos y la angustia pasan a un segundo plano.

“Como todos, entré sin saber qué iba a pasar, con muchas dudas, timidez y miedos. Además, uno imagina o tiene asociado este tratamiento con algo lúgubre y silencioso. Por eso fue una sorpresa cuando entré a la sala, vi cuadros y, sobretodo, personas que venían y me ofrecían colores, pinturas… todo cambió. Nunca hubiera pensado que existiera algo así en un hospital”, comparte con Docsalud.com Cintya Amoroso, ex paciente oncológica y actual voluntaria del programa.

“Cada vez que llegaba a este lugar, con este grupo, el ambiente cambiaba, como si la pintura y el color te dieran vida y ganas de abrirte a los demás, todo se hacía más compartido” recordó Amoroso, a la par que destacó que Vicky Viel Temperley, cofundadora y directora de la fundación,  siempre logra animar a los pacientes en los peores momentos. “Cambió mi visión hacia el tratamiento, crear te pone la mente en otro lado y no en el goteo del medicamento”, destaca.

Como cuenta Amoroso, al llegar al octavo piso los pacientes se sorprenden al descubrir que, además de enfermeras y médicos capacitados, los espera un grupo de contención que los transformará en artistas. El primer día se enteran que con sus obras podrán participar del concurso que se realiza cada año en el hospital, con premios para los ganadores, certificados para todos los participantes y la posibilidad de exponer sus creaciones en la muestra colectiva que llega a reunir 500 cuadros y numeroso público.

La clave del éxito es no tenerle miedo al cáncer. Hay que enfocarse en la parte sana de la persona y trabajar desde ahí, recordando que el cáncer es sólo un aspecto y que cada uno de nosotros guarda un inmenso potencial interno a partir de su vida, su experiencia, su sensibilidad, deseos y modo de pensar. Cuando el paciente se afianza sobre su lado creativo y sale de la actitud pasiva en la que sólo recibe el tratamiento, se pueden lograr muchas cosas”, agrega Viel Temperley.

Una perspectiva distinta

La metodología de trabajo que utilizan es novedosa por muchas razones. En primer lugar, no se usa el enfoque tradicional de arteterapia con el análisis de las creaciones por un psicoterapeuta. Aquí son las voluntarias preparadas por artistas quienes dan las clases como si estuvieran en un taller de arte, mientras que los psicólogos y voluntarios brindan contención y estrategias para afrontar las distintas etapas de la enfermedad.

Otra particularidad es que las actividades se realizan durante la aplicación de quimioterapia, lo que transforma la espera pasiva en un acto compartido y creativo. La artista plástica María de San Martín fue quien ideó la técnica que, con tema libre, utiliza acrílico al agua sobre fibrofácil de 30 x 30 cm para que resulte más práctico en el ámbito hospitalario.

El sistema también tiene en cuenta el rol fundamental de los acompañantes, quienes muchas veces no saben qué hacer ni cómo acercarse a sus familiares o amigos tanto en lo físico como en lo emocional. En Donde Quiero Estar se les ofrecen distintas herramientas para que puedan participar y sentirse útiles, también se los incentiva a pintar sus propios cuadros (el concurso cuenta con una categoría especial para acompañantes. De todos modos, ya sea que quien pinte sea el paciente, su acompañante o ambos, el arte acorta distancias y crea nuevos caminos de diálogo y encuentro. Además, como en la sala puede haber hasta ocho pacientes en simultáneo, la motivación y el entusiasmo se transmiten y contagian, aunque siempre se respetan las necesidades y tiempos individuales.

Otro aspecto que se trabaja es la autoestima y la conexión con el cuerpo, a partir de sesiones fotográficas, trabajo corporal y masajes. En el Hospital de Clínicas el equipo se desempeña bajo la supervisión médica de los doctores Sergio Provenzano (Jefe de la División Ginecología) y Silvia Ferrandini (Jefa de la División Oncología Clínica) con la colaboración de los enfermeros, masajistas y un gran número de voluntarios.

En síntesis, el método crea un foco de atención para que el paciente aprenda a manejar situaciones de ansiedad, temor, tensión y dolor. Así, al concentrarse en un trabajo concreto, la medicación pasa a un segundo plano. “Los pacientes, sus acompañantes y la actividad creadora se vuelven los protagonistas dejando que la quimioterapia transcurra de la mejor manera posible”, afirma Vicky Viel.

Un pincel para cambiar el mundo

Cada año la muestra y entrega de premios convoca a una gran cantidad de personas pero, sobre todo, es un momento para celebrar la vida, las emociones, el encuentro, el trabajo en equipo. Ver las paredes del hall del quinto piso del hospital cubiertas de cuadros multicolores, escuchar las historias de los pacientes y observarlos recibir sus premios y diplomas, es una experiencia que moviliza.

Como dice Ángel Paidós, paciente y artista: “Yo creo que quienes organizan esto no saben cuánto nos ayudan a nosotros los enfermos, dándonos la posibilidad de expresar algo que teníamos adentro y no lo podíamos expresar”.

Por su proyecto e implementación, Viel Temperley fue seleccionada en 2010 como emprendedora social de Ashoka, la organización fundada por Bill Drayton, recientemente galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional. Precisamente, el lema de Ashoka es que todos podemos cambiar el mundo, cada uno desde su lugar, poniendo su energía, trabajo y compromiso para hacer la diferencia.

Sin duda, la cofundadora de la fundación es fiel representante de esa creencia, algo que nace con su historia personal, ya que fue su experiencia con la larga enfermedad de su hijo y luego su pérdida lo que encendió esta llama. Su motivación y empuje, junto a los de su hija María y el apoyo de distintos colaboradores hizo crecer el proyecto que, en la actualidad, cuenta con más de 50 voluntarios y se replica en el Hospital Villegas de Pacheco, provincia de Buenos Aires. Su objetivo es extender este modelo a otros servicios y centros médicos, para lo que se necesitan “fuentes de financiamiento y difusión para que más y más pacientes puedan descubrir el arte que trasciende la enfermedad”, concluye.

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