La escuela también es un equipo

Hoy nos enfrentamos con una sociedad que estimula el individualismo y la competitividad. Para que el grupo escolar logre un buen rendimiento, es importante que promueva en sus integrantes actitudes para el bien común.

Con frecuencia se enfatiza sobre la importancia de fomentar el trabajo en equipo en empresas, organizaciones e instituciones. Sin embargo, ¿por qué tantas veces resulta difícil llevarlo a la práctica? Día a día, nos enfrentamos con la realidad de una sociedad que estimula el individualismo y la competitividad como modos de alcanzar el éxito. En este contexto, el trabajo en equipo representa un gran desafío y es posible cuando sus integrantes dejan de lado el egocentrismo para aceptar, respetar y valorar el aporte de los demás. Cuando esto ocurre, los resultados que se obtienen, tanto a nivel personal como grupal, son más enriquecedores que aquellos que se conseguirían trabajando en forma individual.

La escuela también puede funcionar como un equipo cuando cada integrante (directivos, docentes, alumnos, sus familias, entre otros) desempeña su rol a través de una interrelación eficaz, que permite llevar adelante los objetivos propuestos y afrontar con éxito las adversidades.

Así como en los equipos deportivos cada jugador se “pone la camiseta” como símbolo de identidad y pertenencia, los integrantes de la comunidad escolar conforman un equipo cuando se “ponen la camiseta institucional”, asumiendo con compromiso, responsabilidad y entusiasmo sus diferentes roles en la labor educativa.

Si bien es fundamental establecer normas claras de funcionamiento, pautas y límites que permitan llevar adelante la tarea de manera ordenada, también es importante promover un clima motivador, de armonía y cooperación, donde cada uno, independientemente del lugar que ocupe, se sienta reconocido y estimulado a desarrollar su potencial.

Como en todo grupo humano, en la escuela son comunes los conflictos, errores y desacuerdos. Si estos se manejan y resuelven de manera adecuada, constituyen excelentes oportunidades de aprendizaje y crecimiento personal y grupal. Para ello, es necesario facilitar el acercamiento entre los integrantes y mantener canales de comunicación fluidos, donde todos puedan expresarse y escuchar a los demás con una actitud flexible y abierta a los cambios. El entusiasmo, el optimismo y el sentido del humor ayudan a atenuar las dificultades.

Cuando se logra priorizar el beneficio grupal por sobre el personal, a través de actitudes solidarias y honestas, resulta más fácil la interacción y se obtiene un mejor rendimiento.

En este sentido, la práctica de los valores humanos favorece la consolidación del equipo, y beneficia no solo a quien los recibe, sino también a quien los da.

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