La neumonía es la tercera causa de muerte en adultos en el mundo

En el mundo, la neumonía ocupa el tercer puesto en el ranking de las causas de mortalidad adulta. En la Argentina, se sitúa en el sexto lugar. Estos números dan cuenta de la necesidad de destinar un día particular del año para reflexionar sobre este padecimiento. El objetivo de la campaña es informar a la comunidad sobre la importancia de la problemática y educar sobre las diferentes acciones que se pueden implementar para prevenirla. 

La neumonía es una infección en los pulmones que afecta a personas de todas las edades, y puede ser severa, en particular, en los niños pequeños y los ancianos. En los mayores de 65 años que padecen este mal, las estadísticas demuestran que más del 50% deberán ser hospitalizados por complicaciones. A su vez, la mortalidad en este grupo etario es elevada: el 17% de los pacientes fallecen por esta causa.

Además de las edades extremas de la vida, las personas que tienen mayor riesgo de presentar neumonía son aquellas con enfermedades pulmonares crónicas, cardíacas, diabetes o cuyo sistema inmunitario está debilitado. También es más frecuente en fumadores y en personas que han tenido una infección respiratoria viral reciente, incluyendo gripe.

Los brotes de influenza regularmente se asocian a mayor enfermedad en las poblaciones, y esto se expresa en un aumento en los índices de neumonías, hospitalizaciones y muertes por enfermedad respiratoria. En el 2009, el año de la pandemia de gripe A, se reportó en el país un aumento en el número de casos, el total fue de 234.700 personas.  Los más afectados fueron los niños menores de un año.

Este padecimiento se clasifica en dos tipos: la neumonía adquirida en la comunidad (NAC), que se presenta en personas que no están hospitalizadas, y son más frecuentes durante los meses de invierno. Y la que afecta a los pacientes internados en hospitales o geriátricos. Esta distinción es importante porque los gérmenes responsables de la infección son diferentes en cada caso.  

En el caso de la NAC, ésta se contagia a través del contacto con secreciones respiratorias de personas infectadas. El origen de esta enfermedad se encuentra en diversos tipos de microorganismos, el más frecuente es el neumococo, que es responsable del 40% de las neumonías en adultos, y en segundo lugar, se ubica el estafilococo (17%). Otros patógenos frecuentes son los llamados gérmenes atípicos como Mycoplasma, Clamidia y Legionella.  A su vez, los virus respiratorios como el de influenza, adenovirus y sincicial respiratorio causan un 16% de los casos, según un estudio realizado en Argentina. 

El cuadro se presenta habitualmente con fiebre, sudoración, dificultad para respirar, tos seca o con expectoración purulenta, dolor en el pecho, a veces también con náuseas y vómitos. En la mayoría de las ocasiones el diagnóstico se hace a través del examen físico y una radiografía de tórax o tomografía computada. Para poder averiguar cuál es el germen responsable de la infección se realizan cultivos de esputo y de sangre y análisis de antígeno en orina.

El tratamiento consiste en hacer reposo, recibir una adecuada hidratación y la administración de antibióticos o antivirales, que por lo general se indican por vía oral al menos que el cuadro sea severo o se presenten complicaciones. Estas últimas comprenden el derrame pleural, el absceso pulmonar y la bacteriemia (cuando las bacterias que infectan el pulmón pasan a la sangre y comprometen otros órganos).   

Existen muchas medidas efectivas y seguras para evitar la mayor parte de los casos de neumonía. Resultan sumamente efectivas las pautas simples de control de infecciones, como por ejemplo, lavarse las manos regularmente con agua y jabón o alcohol en gel, taparse la boca y la nariz al estornudar y tirar o lavar los pañuelos después de usarlos. Dejar de fumar es otra pauta de gran relevancia. Pero, sobre todo, existen las vacunas, tanto la antineumocócica como la antigripal, que son las principales herramientas para la prevención.  La vacuna antigripal es estacional, se elabora a partir de las cepas virales que circularon durante la temporada anterior y por lo tanto se debe administrar todos los años en otoño-invierno. En cambio la antineumocócica en adultos se recomienda, por lo general, en una única dosis en los mayores de 65 años y en las personas con factores de riesgo. 

La batalla contra el neumococo

Las primeras vacunas antineumocócicas se comenzaron a utilizar a principios del siglo XX. Desde entonces evolucionaron hasta llegar a la de polisacáridos de 23 serotipos que se utiliza hoy en adultos. Más recientemente se desarrollaron las vacunas antineumocócicas conjugadas (VAC), que generan una mejor respuesta inmunológica porque inducen memoria en las células que fabrican los anticuerpos logrando una protección más prolongada. Estas pueden ser utilizadas en niños menores de dos años, y el impacto de su incorporación en los calendarios de inmunización ha sido muy importante. No solo se documentó la disminución en un 22% de las neumonías en niños inoculados, sino que también se beneficiaron las personas adultas no inmunizadas que conviven con chicos, gracias al efecto indirecto sobre la transmisión y el contagio.

En la actualidad se investiga el uso de las VAC en adultos. El estudio CAPITA (Community Acquired Pneumonia Immunization Trial in Adults) se desarrolla en Holanda y cuenta con la participación de 85.000 individuos, que serán monitoreados por dos años. El objetivo es probar la vacuna conjugada contra 13 serotipos de neumococo para evaluar su eficacia en la prevención de la neumonía adquirida en la comunidad (NAC).

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