Psicología
Un problema creciente

Bullying y la responsabilidad de los adultos: ¿qué conversaciones presencian los chicos?



En la actualidad, una de las principales problemáticas que preocupan a padres, madres y educadores, fundamentalmente en el seno del ámbito escolar, es el aumento del Bullying como forma de agresión sistemática de un niño o un adolescente a otro. Pero ¿cuál es la responsabilidad de los adultos en la prevención de esta conducta tan peculiar?

En principio, para hablar de Bullying, o de lo que se conoce como acoso escolar, es preciso identificar algunas de sus características: por un lado, tiene que haber por parte del agresor una intencionalidad clara de agredir o herir a la otra persona, como primera condición. En segundo lugar, tiene que haber una clara asimetría o diferencia entre la persona que agrede y la persona que es agredida. Y, en tercer lugar, tiene que haber una situación de continuidad, es decir, la agresión tiene que ser repetida sistemáticamente, no basta con que se trate de un chiste o una agresión de forma aislada. Por otro lado, en el Bullying el agresor no busca la confrontación con el sujeto acosado, sino que, por el contrario, busca acosar a alguien que tiene como característica evidente que no se va a defender. De algún modo, hay una intención de hacer del otro sujeto un objeto de satisfacción para el acosador en lo que es el maltrato, el hostigamiento, la humillación. ¿Acaso no es fácil identificar en esta conducta muchos comportamientos propios de la vida adulta?

Según un informe del año 2019 del observatorio nacional de la ONG Bullying Sin Fronteras, el Bullying habría experimentado un crecimiento del 30 % en aulas de colegios públicos y privados, primarios y secundarios, de la República Argentina. Y según la UNESCO, Argentina lidera el ranking de Bullying en los colegios secundarios. Si bien tenemos en nuestro país la Ley 26.892 para la promoción de la convivencia y el abordaje de la conflictividad social en las instituciones educativas y esto sigue siendo una prioridad entre los lineamientos curriculares de todos los niveles, es evidente que faltan algunos elementos para revertir estas estadísticas.

Si bien el Bullying es una problemática que se identifica al interior de grupos de niños y adolescentes, es hora de considerar que los adultos tenemos también una enorme responsabilidad. En principio, son incontables los escenarios en que niños y adolescentes presencian conversaciones en las cuales adultos se refieren a otros adultos (y en muchas ocasiones, a otros niños y adolescentes también) de manera discriminatoria, burlona y ofensiva. El aspecto físico es el principal motivo de burla y discriminación entre los adolescentes, según la reciente encuesta publicada de Encontrarse en la Diversidad. Sería impensable que un niño pequeño pueda adjudicarle un valor positivo o negativo a un atributo físico de otro niño sin que eso esté atravesado por la cultura de la discriminación que los adultos construimos y reproducimos a diario.

En este sentido, la responsabilidad por la prevención del Bullying no es inherente solo al ámbito escolar ni es función exclusiva de los educadores, sino que interpela a toda la sociedad. Se trata de intervenir tempranamente, desde los primeros niveles de la educación formal, pero involucrando a todos los actores en juego. Hablemos de Bullying, pero no solamente con el acosado y con el acosador. Convoquemos a todos los testigos del grupo, a todos los docentes, a padres y familias y asumamos, como sociedad, la responsabilidad de nuestro discurso como formador de realidades y modos de vínculos entre niños y adolescentes.

 

*Florencia Casabella es psicoanalista especialista en niñez y adolescencia, emprendedora, socia fundadora y directora de Désir Salud, centro de atención integral y capacitación en salud mental. Es co-autora de libros sobre acompañamiento terapéutico y psicoanálisis.

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