Peligro: niños que aspiran o ingieren objetos pequeños

Los casos suelen ser habituales. Según los expertos, puede producir síntomas que, si son atendidos por médicos no entrenados, podrían confundirse con diversas patologías.

Ingerir una pila puede causar graves problemas. (Foto: The Advertiser)

La introducción de pequeños objetos en las fosas nasales, en los oídos o a través de la boca resulta más o menos habitual entre los chicos. Pero lo que empieza como una travesura puede terminar en síntomas que se confunden con los de otras patologías, lo que retrasa la implementación de un tratamiento efectivo.

Así lo reveló el doctor Alberto Chinski, ex profesor titular de la UBA y director de la revista de la Federación Argentina de Sociedades de Otorrinolaringología (FASO). El médico condujo una investigación epidemiológica sobre la naturaleza de cuerpos extraños extraídos de 2.500 chicos a lo largo de cinco años.

Según el especialista, los síntomas que producen estos accidentes varían con la localización. Si los cuerpos se meten y “atascan” en la nariz, algo que representa dos tercios de los casos, suelen provocar insuficiencia ventilatoria nasal, sangrados, rinorrea (moco) y/o percepción de mal olor. En esos casos, médicos no entrenados pueden diagnosticar equivocadamente una sinusitis o rinitis, o desestimar el cuadro como un problema “menor” o pasajero.

Cuando los objetos se introducen en el oído, en cambio, el signo más habitual es la hipoacusia o pérdida parcial de la audición “y puede confundirse con un tapón de cera”, señaló Chinski, quien dirige un Centro de Otorrinolaringología que lleva su nombre. Por último, los cuerpos que se tragan y acceden al esófago, como monedas, pueden originar vómitos.

“Los cuerpos extraños que se ubican en oído y nariz requieren ser extraídos lo más temprano que se pueda. En tanto, los que se localizan en esófago se pueden resolver con rapidez y sin secuelas en la medida que se diagnostique en forma temprana y no tenga bordes o puntas filosas, como el hueso de pollo”, subrayó el médico.

Fuente: Agencia CyTA – Instituto Leloir

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