Depresión reactiva: cómo detectarla

La depresión no es una experiencia idéntica para todo el mundo. Para muchos, dura mucho tiempo o es muy recurrente. Para otros, solo aparece en determinadas circunstancias y durante poco tiempo. A este último caso se le denomina depresión situacional o reactiva.

“La depresión situacional es una experiencia provocada por un suceso traumático o por un cambio en la vida de una persona: la pérdida de un trabajo, la muerte de un ser querido, un ambiente de trabajo inestable, etc.”, explica el psicólogo Antonio Kushnick. “Es una reacción habitual a un cambio importante o a un trauma”.

En este grupo entran los episodios de depresión que han empezado como consecuencia de la pandemia y los cambios que ésta ha generado en nuestra vida.

En realidad, depresión situacional es más bien un modo informal de referirse a un trastorno de adaptación, aclara Steven Bartek, instructor clínico de psiquiatría en el hospital Michigan Medicine. “Un trastorno de adaptación es una reacción a un factor estresante más intenso que una mera respuesta emocional, pero menos grave que un cuadro de depresión completo”, explica.

“Oigo a muchas personas hablar de depresión situacional y la verdad es que tengo sentimientos enfrentados al respecto”, añade. “Puede resultar una experiencia por la que pasa mucha gente y eso les sirve a las personas como explicación para la tristeza que sufren, pero también es peligroso, porque en muchas ocasiones, los pacientes minimizan la gravedad de su depresión”.

Qué pasa con los cambios de humor

Al igual que sucede con otros tipos de depresión, la depresión situacional tiende a manifestarse en forma de desánimo, sentimientos de tristeza, culpa o desesperanza. Quizás también resulte más complicado sentirse feliz.

“El primer paso es reconocer que ha habido un cambio en la salud mental”, señala Kushnick. “Si no está seguro, pregúntele a alguien que lo conozca bien si ha notado algún cambio en su carácter”.

Bartek subraya que es completamente normal y comprensible sentirse tristes, especialmente en esta época tan atípica. “La gente a menudo se presiona para ignorar sus emociones negativas ―sobre todo en el mundo de la positividad tóxica que representan las redes sociales, por ejemplo― pero en medio de una pandemia, con la incertidumbre económica actual y las familias divididas por la política, sentir emociones negativas no es motivo para avergonzarse”, justifica.

Otra forma de comportarse

Además de los cambios de humor, también se asocian ciertos cambios de comportamiento a la depresión situacional. Pueden ser cambios en el apetito o en los hábitos alimentarios, tener pocas horas de sueño, ganas de llorar, aislamiento social, irritabilidad, falta de energía y tendencia a darle muchas vueltas a los problemas.

“Muchas personas empiezan a darse atracones, a comportarse de forma temeraria para llamar la atención o incluso incurren en vicios dañinos con sustancias, con su sexualidad…”, señala Susana Varma, psiquiatra. “Es preocupante cuando una persona empieza a tomar malas decisiones o a tener pensamientos y conductas autolesivas. Eso requiere ayuda profesional inmediata”.

“Los síntomas emocionales o cambios de conducta suelen aparecer en los tres primeros meses después de un suceso específico estresante”, explica Varma.

Básicamente se trata de una respuesta emocional a un suceso traumático o a un cambio drástico cuya intensidad excede lo “normal” en una determinada cultura, un estilo de vida o la conducta habitual de esa persona.

En circunstancias más extremas, como lo es una pandemia, es normal que todo el mundo note ciertos cambios de humor y de conducta, pero aún así es importante estar al tanto de la salud mental por si acaba influyendo demasiado en el día a día.

Los síntomas duran relativamente poco

El principal aspecto que diferencia la depresión situacional de otro trastorno más serio es su duración.

“La depresión situacional dura menos que otras formas de depresión y suele terminar cuando acaba el suceso que la desencadenó, o al menos empieza entonces su recuperación progresiva”, comenta Kushnick, quien añade que ir a terapia ayuda en muchas ocasiones a reducir la duración de la recuperación.

Bartek señala que los síntomas tienden a desaparecer pasados no más de seis meses después del final del suceso estresante. Aunque los trastornos como la depresión situacional no suelen requerir medicamentos para su tratamiento, no son un asunto menor, ya que también están asociados a un mayor riesgo de suicidio.

Si la situación que ha provocado los síntomas es un trauma grave, es muy probable que el paciente sufra pesadillas, pensamientos recurrentes y otros síntomas asociados al estrés postraumático. Hablar con un profesional ayudará a decidir la mejor forma de abordar el problema. “La mejor forma de resolver un trastorno adaptativo es detener el factor estresante (cuando es posible) e ir a terapia”, afirma Bartek.

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