Células madre: un tesoro incalculable

En el país existen más de 20 mil muestras de sangre de cordón umbilical con estas partículas que son preservadas en bancos públicos y privados. Sin embargo, más del 99% de los cordones y placentas se desechan. Las células madre se diferencian entre las embrionarias y las hematopoyéticas, que son obtenidas de la médula ósea.

En los últimos 10 años las células madre devinieron protagonistas indiscutidas dentro del campo de la medicina tanto por algunos tratamientos ya en implementación como por los resultados alentadores que vienen arrojando las múltiples líneas de investigación que hay actualmente en desarrollo. Estos trabajos proponen buscar una cura para enfermedades a las que hoy la ciencia no da salida. La esperanza radica en que la medicina regenerativa que se basa en el uso de células madre ofrezca al menos una mejoría a los pacientes que las padecen. 

En Argentina hay varios bancos de criopreservación de células madre obtenidas del cordón umbilical que ofrecen a los padres la posibilidad de guardarlas para el eventual uso en el futuro del recién nacido del cual fueron obtenidas o de un familiar compatible. También existe un banco público en el Hospital Garrahan de la Ciudad de Buenos Aires para aquellos padres que desean donar la sangre del cordón para un tercero que lo necesite en caso de ser compatible. Lamentablemente, hoy el 99% de los cordones umbilicales y placentas de niños que nacen en el país son desechados sin preservar las células madre contenidas en ellos, descartando así un valioso recurso tanto para el niño como para la comunidad. 

En todo el país existen más de 20.000  muestras de sangre de cordón umbilical ricas en células madre criopreservadas en estos bancos. Pero es importante generar conciencia para aumentar esa cifra y lograr un reservorio que en el futuro salvará más vidas gracias al desarrollo de la medicina regenerativa.

Las protagonistas

Las células madre son un tipo especial de células que tienen la capacidad de replicarse por sí solas y diferenciarse para producir cualquier tipo de moléculas especializadas de un organismo adulto.

 

Existen dos clases de células madre y su diferencia reside en el momento del ciclo de vida en que son extraídas para su preservación o uso. Ellas son las células madre embrionarias, que son extraídas de un embrión de no más de seis días de existencia, son las más indiferenciadas y tienen una mayor capacidad de división celular; y las células madre adultas que a su vez pueden ser hematopoyéticas (obtenidas de la médula ósea o recolectadas de la sangre del cordón umbilical y la placenta tras el nacimiento) y las obtenidas de otros tejidos como el tejido adiposo, piel, etc.

 La célula madre “ideal” es aquella que es joven, sana y del propio individuo por estar su  aplicación exenta de riesgos de rechazo;  la que es obtenida del cordón umbilical reúne estas características además de no tener cuestionamientos éticos ya que son partículas que, de no ser preservadas,  serían descartadas junto con la placenta. De hecho es preciso generar conciencia para que cada vez más familias preserven esas células ya sea para uso propio o donándolas.

 Su uso actual

Hoy en día las células madre hematopoyéticas son utilizadas como fuente de trasplante de médula ósea para diversas enfermedades sanguíneas, inmunológicas y otras  Si bien el empleo en tratamientos para otros tipos de enfermedades es reciente, los resultados son muy alentadores en el uso y aplicación en afecciones cardíacas y para regeneración de hueso y cartílago. Su uso para el reemplazo de otras células o tejidos tales como tejido nervioso para enfermedades neurológicas, células del páncreas en casos de diabetes y regeneración de la córnea en algunos cuadros de ceguera sigue en fase experimental.

Mientras los científicos avanzan en sus investigaciones, el camino es trabajar en conjunto el sector público y privado para informar a la sociedad sobre los avances en investigación y el creciente valor que las células madre tendrán en un futuro no muy lejano de modo de lograr que sean más quienes decidan no descartar las células madre de sus hijos al nacimiento y en cambio guardarlas para que su hijo o familiar cuente con una herramienta adicional para luchar contra una serie de enfermedades o donarlas para que una persona compatible que las necesite se beneficie con el uso de las mismas.  

 

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