La tuberculosis aún se resiste a la erradicación

Aunque los casos bajaron, el último informe de la OMS arroja cifras que preocupan: 8,8 millones de nuevos enfermos por año. La existencia de formas resistentes a antibióticos complica el panorama. Aplicar las medidas de control adecuadas puede salvar vidas y disminuir el impacto de este flagelo.

La tuberculosis (TB), conocida como peste blanca, diezma a la humanidad desde hace milenios. Aunque en el mundo disminuyó levemente, de acuerdo al último informe de la OMS las cifras son aún preocupantes: 138 casos nuevos cada 100 mil habitantes y por año, lo que equivale a 8,8 millones de enfermos. El 13% de ellos tienen TB y VIH/sida. Por otra parte, cada vez existen más enfermos con TB resistente a antibióticos, de los cuales sólo el 16% se detecta y trata.

La TB multirresistente se define como los casos producidos por cepas de la bacteria Mycobacterium tuberculosis resistentes a por lo menos dos de los antibióticos utilizados para su tratamiento: la isoniazida y rifampicina. Desde el año 1994, la OMS lleva a cabo un programa mundial de vigilancia de TB que consiste en recolectar información sobre casos y analizarla para detectar resistencia. Estos datos resultan fundamentales para alcanzar el control de la enfermedad.

Los enfermos con TB multirresistente requieren tratamientos más prolongados y que, por lo general, son más tóxicos, más costosos y, en ocasiones, menos efectivos. La situación es particularmente desventajosa en los países en desarrollo y con escasos recursos. Para afrontar el problema, la OMS elaboró guías de tratamiento de las cepas resistentes y recomendaciones para controlar su transmisión. Asimismo, creó el “Comité Luz Verde”, que asegura el acceso al tratamiento con drogas de segunda línea.

Hace ya tres años que la OMS recomienda estudiar la susceptibilidad a los antibióticos en todos los enfermos con tuberculosis, en especial en aquellos que fueron tratados anteriormente y que, por lo tanto, tienen mayor riesgo de presentar resistencia. A pesar de que la estrategia se vuelve dificultosa en los países más pobres, para facilitar la tarea se trabaja con nuevas herramientas diagnósticas y más equipamiento en los laboratorios.

Ya son 127 los países que participan de la vigilancia –dos tercios de los países miembros de la OMS– desde el lanzamiento del programa global en el año 1994. Globalmente, la proporción de casos nuevos de TB que manifestaron multirresistencia fue de 3.4%, alcanzando un 28% en algunos países. Aquellos que reportaron cifras más elevadas fueron Bielorusia, Estonia, Rusia y Tajikistán. En cuanto a la aparición de multirresistencia en casos previamente tratados, el porcentaje global fue de 19.8% y superó el 50% en países como Bielorusia, Lituania, Rusia, Moldavia y Tajikistán

Cuando la resistencia es mayor y abarca también a otras drogas, como las fluorquinolonas y a al menos una droga inyectable de segunda línea, como amikacina, kanamicina o capreomicina, se considera un caso de TB extensamente resistente. Los países que reportaron más de 10% de estos casos fueron Estonia, Latvia, Sudáfrica y Tajikistán. 

En estos años de estudio, las investigaciones no detectaron una asociación entre multirresistencia y el sexo del enfermo. Tampoco con el antecedente de infección previa por  VIH. Sin embargo, faltan datos de los países africanos, la región con mayor cantidad de enfermos con TB y VIH. La mortalidad en esta población es muy elevada. 

El problema y la amenaza que representan la TB multirresistente pueden ser controlados de manera adecuada si se implementan las nuevas tecnologías de detección, se indican los tratamientos apropiados y se cumplen con rigurosidad las medidas de prevención. Esto permitirá salvar vidas y disminuir el impacto de este flagelo en los individuos y sus comunidades. Así lo demuestran algunos estados de Rusia donde, según el último informe de la OMS, el número de casos resistentes es estable o está en descenso. 

Fuente: Boletín de OMS 2011

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