Mala alimentación puede causar enfermedad hepática

La Asociación Argentina para el Estudio de las Enfermedades del Hígado (A.A.E.E.H.) alertó sobre el aumento de casos de pacientes con hígado graso, una  enfermedad sin síntomas que afecta en su mayoría adultos y niños que consumen “comida chatarra” y llevan una vida sedentaria.

La enfermedad del hígado graso no alcohólico (E.H.G.N.A.) es una afección de origen metabólico que consiste en la acumulación de grasa en la célula hepática. Su denominación médica es «esteatosis» y engloba un conjunto de condiciones clínicas que van desde la simple presencia de grasa en el tejido hasta el desarrollo de una inflamación llamada «esteatohepatitis», fibrosis hepática y hasta cirrosis.

“La prevalencia es creciente durante los últimos 10 años, y es el principal motivo de consulta en Hepatología, ya que es de tres a 10 veces más frecuente que las hepatitis virales. Esta cifra aumenta entre un 70 a un 90% en aquellos individuos con obesidad o diabetes”, adelantó  la  doctora Gabriela Ruffillo, quien disertará este martes en la Jornadas Multidisciplinarias de Esteatosis Hepática y Síndrome Metabólico que organiza la entidad científica.

Con el fin de prevenir la enfermedad, la A.A.E.E.H recordó la importancia de la educación alimentaria y de la introducción de hábitos de vida sana, lo que incluye limitar las horas frente al televisor o la computadora.

“En pediatría el porcentaje de niños con hígado graso se halla entre el 2,6 y el 9,6 %. En chicos y adolescentes obesos y con sobrepeso esta cifra puede oscilar entre el 24 y el 77 %.”, agregó por su parte el doctor Javier Benavides, quien también participará del encuentro.  

Según explicó la doctora Rufillo, “los pacientes con hígado graso no alcohólico generalmente reúnen los criterios diagnósticos de síndrome metabólico, una combinación de obesidad abdominal, hipertensión, dislipidemia y diabetes o hiperglucemia”.

Si bien la E.H.G.N.A. no presenta síntomas, se puede diagnosticar a partir de una ecografía que evidencie  aumento de la ecogenicidad hepática o leve a moderada alteración de las enzimas hepáticas.

“Investigaciones recientes demostraron que el hígado graso en su fase inflamatoria puede contribuir independientemente a la enfermedad cardiovascular por la generación de moléculas llamadas proaterogénicas que, al viajar por el torrente sanguíneo, amplifican el daño arterial. De esta manera la enfermedad no sólo es un marcador de riesgo sino que también está involucrado en la generación de enfermedad cardiovascular” dijo Benavides.

La mayoría de los pacientes se quedan en una fase inicial de esteatosis, que es el depósito de grasa, pero un grupo menor de entre un 30 a un 40 % pueden evolucionar a la esteatohepatitis y ésta, librada a su evolución natural, puede progresar a la fibrosis y por último a la cirrosis.

La estrategia terapéutica se basa en el manejo y la corrección de las alteraciones metabólicas que se asocian con esta afección, como la diabetes, las dislipidemias, el sobrepeso y la obesidad. Pero la base del tratamiento es la llamada “terapia del comportamiento”, que consiste en corregir los hábitos alimenticios  mediante una dieta rica en fibras vegetales y omega 3 y reducida en hidratos de carbono y grasas saturadas. A esto se le debe agregar la realización de actividad física en forma sistemática.

La indicación de medicación específica se reserva para estadios más avanzados de la enfermedad, esteatohepatitis, donde el uso de antioxidantes demostró prevenir la progresión a largo plazo. Por último, en casos extremos muy bien seleccionados, obesidad mórbida sin respuesta al tratamiento médico y obesidad severa con comorbilidades, tiene utilidad la cirugía de la obesidad.

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