Se puede vencer el miedo a volar

Aunque el avión es el medio de transporte más seguro, entre un 10 y un 30% de la población mundial siente alguna clase de temor a viajar por esta vía. Los motivos pueden ser muy variados, pero hay que recordar que es la imaginación la que desencadena la angustia. Como hoy existen múltiples maneras de abordar esta problemática, resulta importante conocerlas y buscar ayuda.

Son muchas las personas que sienten una gran angustia por el sólo hecho de pensar en subir a un avión. Más de las que pensamos pierden oportunidades laborales, profesionales, placenteras y afectivas por este hecho. Sin embargo, son muy pocas las veces en las que el temor tiene su base en una experiencia personal o en datos de la realidad, las causas más comunes son otras: la imaginación, la falta de conocimientos, la sensación de pérdida de control y los trastornos de ansiedad de base. Para cada uno de estos problemas hay respuestas efectivas y tratamientos accesibles.

En primer lugar, hay que distinguir entre un temor leve, uno agudo y una fobia. Para quien tiene una ansiedad simple y de intensidad menor, suele alcanzarle con acceder a recursos prácticos e información apropiada. Por otro lado, el miedo agudo se presenta con síntomas como palpitaciones, sudoración, taquicardia o mareo y requiere otro tipo de asesoramiento más personalizado, para indagar acerca de las causas y brindar el mejor tratamiento. A quien lo experimenta, podrá serle de utilidad tratar de entender qué le dispara esa alarma excesiva y sin fundamento aparente.

Las fobias son trastornos de ansiedad, quien las padece siente un miedo exagerado e irracional, intenso, y persistente, que puede establecerse ante distintas situaciones, objetos y seres animados. Son muy variadas y dependen de cada persona en cuanto al momento, la forma, el origen y el manejo del tema. Además, pueden manifestarse de diversos modos: al encierro (claustrofobia), a viajar en avión (aerofobia), a la altura (acrofobia). Hoy existen múltiples abordajes psicoterapéuticos efectivos para estos trastornos.

En todos los casos, es conveniente que quien padece estos temores consulte con un especialista y no se resigne, ya que existen distintos programas de entrenamiento o tratamiento para eliminarlos o disminuirlos. En estos programas, la persona podrá aprender sobre los aviones, la meteorología, qué le pasa a su cuerpo al volar y cómo procesa todo eso su mente. También obtendrá recursos para afrontar el estrés, relajarse, respirar y pensar de otro modo. Mientras que el asesoramiento médico especializado aporta la posibilidad de usar -en forma apropiada y temporaria- medicación contra la ansiedad.

Por otro lado, se aconseja a familiares y amigos que no minimicen la situación considerándola una falta de voluntad o de ganas de vencer el impedimento ya que, como vemos, los temores no se disipan con el sólo deseo, sino con la ayuda oportuna. Quienes acompañan tienen que saber contener, conservando la calma.

Cabe señalar que, a menudo, la gente no teme tanto al avión en sí como a no tener ningún control sobre el vuelo y verse obligada a confiar en la capacidad de la tripulación. Para esto es tranquilizador saber que los pilotos son muy controlados en su salud, aman lo que hacen, están muy capacitados, tienen familia, les gusta vivir y volver a su casa. Hay que recordar que el piloto comercial tiene dos cosas en mente: que el pasajero vuele seguro y confortable. Del mismo modo, es importante conocer que las azafatas se entrenan en todos los aspectos relativos a la seguridad y el cuidado de los viajeros.

Siempre está, también, el miedo a lo desconocido y a la angustia misma, esa amenazante sensación de creer que uno va a enloquecer, morir o sentirse vulnerable. En este sentido, es útil comprender que la angustia nos prepara para atacar o huir cuando algo real nos amenaza, sin embargo el riesgo no es tal en el caso de los viajes aéreos, pensemos que el avión es el medio de transporte más seguro, mucho más que el auto o, incluso, que estar en nuestra propia casa. Es en nuestra mente donde construimos esa sensación de peligro, aunque sin fundamento en la realidad externa. Es nuestro modo de idear y sentir lo que nos impide reflexionar con eficacia, por eso, la angustia depende de la imaginación, aunque el motivo no se perciba o sea inconsciente.

Además del entrenamiento y la posible prescripción de ansiolíticos, existen medidas sencillas que ayudan a disminuir la tensión durante los viajes aéreos, como vestir en forma cómoda y organizar todo para llegar con tiempo al aeropuerto, ya que el apuro aumenta la ansiedad. También hay que prepararse para posibles retrasos y para el trayecto, llevando material de lectura y otros entretenimientos que sirvan de distracción. Para estar más tranquilos resultan muy útiles las técnicas de relajación y de respiración acompañadas de ideas positivas, recuerdos agradables e imágenes de lo bueno que aguarda en el destino.

Otras medidas prácticas tienen relación con la ubicación del asiento, por lo que se aconseja elegirlos del centro del avión hacia adelante (porque allí se mueve menos) y preferir el pasillo si atemoriza mirar por la ventanilla o sentirse encerrado. En cuanto a la alimentación, se recomienda comer liviano y no tomar gaseosas, ya que a bordo hay menos presión y se pueden sentir molestias abdominales.

Aunque para quienes sufren esta ansiedad, parezca lejana la posibilidad de disfrutar de un vuelo, las soluciones son variadas y accesibles. Hay sueños y proyectos vinculados a los viajes aéreos que no se deben olvidar, por el contrario, tienen que servir de motivación para buscar ayuda y liberarse de las limitaciones. En este sentido, resulta esperanzador entender que, así como los miedos se adquieren en algún momento de la vida, hay modos de aprender estrategias para minimizarlos o, incluso, vencerlos. Sólo es cuestión de no resignarse.

El Lic. Modesto Alonso es psicoterapeuta, psicólogo aeronáutico y docente de la especialidad en la UBA y en el Instituto Nacional de Medicina Aeronáutica y Espacial (INMAE). También es piloto privado.

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