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Alimentación a base de plantas

Ni caro, ni extremo, ni perjudicial: 3 mitos sobre el veganismo



En tiempos de pandemia y aislamiento social, muchas personas pusieron el foco en cómo estaban viviendo. Preocupadas por su estilo de vida, decidieron cambiar su alimentación por una a base de plantas, que reduce el riesgo de sufrir algunas enfermedades no transmisibles.

Hoy tenemos el foco puesto en vivir mejor, comer mejor y compartir el mundo con otros seres vivos de una manera más respetuosa y sustentable. Sin embargo, si bien hay cada vez más conciencia, todavía hay varios mitos alrededor de este tipo de alimentación.

Mito número 1: el veganismo es extremo

Algunas personas ven un estilo de vida vegano como “extremo” porque contrasta fuertemente con las tradiciones de nuestra sociedad. Sin embargo, la cría de animales contribuye al cambio climático, es un impulsor clave de la deforestación y de la pérdida de especies; desperdicia tierra, energía y agua; y contamina el aire, las vías fluviales y la tierra.

En este sentido, Million Dollar Vegan, organización internacional sin fines de lucro que busca crear conciencia sobre cómo la cría y el consumo de animales afectan el medio ambiente y la salud humana, actualmente impulsa la campaña #QuitemosLasPandemiasDelMenú que busca concientizar sobre cómo nutrirse con una alimentación a base de plantas puede proteger la salud, así como también beneficiar al planeta y a los animales.

Por otro lado, si pensamos en relación a la variedad de los platos, muchos de los alimentos que ya compramos son veganos y el resto puede reemplazarse fácilmente. Por ejemplo: las leches, los yogures, los helados y los quesos vegetales pueden reemplazar las versiones lácteas; las carnes vegetales pueden reemplazar a las provenientes de animales; y en la actualidad encontramos versiones veganas de tortas, guisos, sopas, salteados, hamburguesas, salchichas y hasta embutidos.

Ciertamente, puede llevar algunas semanas adaptarse como a cualquier estilo de vida nuevo. Sin embargo, durante el último tiempo, miles de personas ya hicieron el cambio a una vida vegana y una de las frases más común es “realmente no es tan difícil como pensaba; desearía haberlo hecho antes”.

Mito número 2: la dieta basada en plantas es demasiado cara

Esto no es así. Los garbanzos, por ejemplo, son más baratos que el pollo, y una hamburguesa de remolacha cuesta menos que una hamburguesa de carne. La mayoría de los productos esenciales, como pasta, pan, arroz, porotos, legumbres y vegetales de temporada o congelados, son baratos.

 

 

Además, si se pone en práctica lo que se conoce como meal prep (planificar, comprar y cocinar en cantidad para guardar en el freezer y comer a futuro), basando las comidas en estos alimentos, es fácil mantener un presupuesto bajo y una dieta saludable.

“A diferencia de lo que se cree comúnmente, una alimentación a base de plantas es más económica. Legumbres, cereales, vegetales y frutas son alimentos de bajo costo. La alimentación de origen vegetal bien planificada sólo requiere de la suplementación de vitamina B12. Esta es una vitamina carente en la mitad de las poblaciones urbanas con hábitos alimenticios occidentales, incluidos quienes comen productos de origen animal. En Argentina, el costo de esta vitamina de venta libre puede alcanzar 8 pesos semanales para un adulto”, explica Jacqueline Guzmán, Gerente de Campaña #QuitemosLasPandemiasDelMenú en Argentina, impulsada por la organización internacional Million Dollar Vegan.

Es importante tomar conciencia de que la carne, probablemente, sea lo más caro del supermercado, por lo que al dejarlo fuera del plato permite un ahorro importante. A la vez, los productos animales deben usarse rápidamente o se echan a perder, pero las lentejas y el tofu pueden durar mucho más. Al no desperdiciar alimentos, se ahorra dinero.

Mito número 3: la dieta a base de plantas no aporta todos los nutrientes necesarios

Según indica la organización Million Dollar vegan, es posible obtener todos los nutrientes que el cuerpo necesita en una dieta basada en plantas. A pesar de que esto es ampliamente reconocido por los nutricionistas y médicos que se especializan en nutrición, de alguna manera el mito persiste y se cree que los veganos no obtienen suficiente proteína, calcio, vitamina B12, hierro y omega-3 debido a su dieta. Veamos punto a punto:

  • Excelentes fuentes de proteínas incluyen legumbres, nueces y semillas, tofu y otros productos de soja y seitan (un producto carnoso bajo en grasas y alto en proteínas hecho de gluten de trigo).
  • Las buenas fuentes de calcio incluyen vegetales de hojas verdes como la col rizada o kale, el brócoli y el berro, los porotos, semillas de sésamo, almendras, nueces, higos secos y naranjas. Para ayudarnos a absorber el calcio, necesitamos un buen suministro de vitamina D y podemos hacer todo lo que necesitamos si tenemos una exposición regular al sol.
  • Muchos alimentos veganos están fortificados con la vitamina B12, incluidos los cereales para el desayuno, las leches no lácteas y la levadura nutricional.
  • De acuerdo con la organización, la anemia por deficiencia de hierro es frecuente en todas las dietas. A la vez, muchos cereales están fortificados con hierro y la avena también es una buena fuente. A estos se suman las legumbres, el chocolate negro, la melaza, el tofu, la quinoa y las verduras de hoja verde.
  • El omega-3 es una grasa esencial y la necesitamos en nuestra dieta. Podemos incorporarla eligiendo vegetales de hoja, aceite de linaza, linaza, nueces, aceite de canola, semillas de chía y semillas de cáñamo.

 

Es importante destacar que aquellos médicos y profesionales de la salud que se especializan en esta área afirman que si logramos que las personas tengan una nutrición basada en plantas de alimentos integrales, podremos prevenir una amplia gama de enfermedades.

“Por ejemplo, según varios estudios científicos, los veganos parecen tener menor riesgo de cáncer de próstata, en comparación con los omnívoros. Por otro lado, diversas publicaciones científicas asocian la proteína animal con numerosas patologías como enfermedad renal, alergias, estrés oxidativo, bloqueo en la absorción de antioxidantes, alteraciones hormonales, y desarrollo precoz de algunos tipos de cáncer, incluso en muchos casos con consumos moderados. Por tal motivo, puede considerarse que su consumo posee potenciales efectos adversos, y se recomienda la disminución o restricción de su ingesta”, recuerda la organización.

Por su parte, las alergias a la leche de vaca pueden ser más comunes que las alergias al maní, los mariscos y los huevos y afecta principalmente a bebés y niños, pero también a 1 de cada 13 adultos.

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