Clínica
Un estudio alerta

Claves para mejorar el bienestar después de los 60



En el Encuentro científico organizado por la Universidad ISALUD y del Centro sobre Envejecimiento Activo y Longevidad (CEAL) se presentaron conclusiones contundentes: para el 2050 en nuestro país habrá más personas adultas mayores que niños menores de 14, y se observa que entre los mayores el grupo que más está creciendo es el de 80 años. En este contexto, y tras analizar toda la información epidemiológica disponible para este grupo etario, expertos remarcan la necesidad de promover políticas públicas y estilos de vida saludables para que puedan vivir en plenitud los años ganados.

La novedad de los últimos años es el incremento sostenido de la población mayor de 80 años, conocido como ‘el envejecimiento del envejecimiento’, resultado de la disminución de las tasas de mortalidad en edades avanzadas. “Este nuevo escenario plantea importantes desafíos para los sistemas económicos, sociales y de salud; las familias y las ciudades que deben producir las transformaciones necesarias para asegurar la inclusión efectiva de los ciudadanos mayores, para asegurar que las personas mayores puedan disfrutar plenamente los años de vida ganados y envejecer con dignidad”, sostuvo Silvia Gascón, directora del Centro de Envejecimiento Activo y Longevidad de la Universidad Isalud, Directora del proyecto.

Se estima que la población de adultos mayores de la Argentina (60 años y más) pasará de los 5.7 millones que había en el año 2000 a 7.7 millones para el año 2025 y llegará a 12.4 millones para 2050. Por primera vez, y quizás para siempre, habrá más personas mayores de 60 que menores de 14 años.

La realización de actividad física regular y una alimentación equilibrada y suficiente, que incluya alimentos ricos en proteínas, vitaminas y minerales, ayudan a controlar factores de riesgo cardiovascular, a reducir las chances de desarrollar otras enfermedades crónicas y a mitigar la fragilidad y pérdida de masa muscular, disminuyendo el riesgo de caídas y pérdida progresiva de funcionalidad.

Según el estudio, “En cuanto al estado de su cobertura social, 1 de cada 3 (36%) no tiene ni obra social ni prepaga, y la consideración sobre su estado de salud es ‘regular o mala’ en el 46,9% de las personas de 75 años y más y en el 38,1% de los que tienen entre 60 y 74 años; 1 de cada 2 en el grupo de mayores de 65 tiene algún problema de salud y considera negativa la atención recibida”, indicó Silvia Gascón.

Si bien el nivel socioeconómico, el grado educativo alcanzado, el género, los estilos de vida, la cobertura previsional y de salud, las redes de apoyo social y el entorno en el que viven van con?gurando biografías personales muy diferentes, los especialistas afirmaron que ‘la mayoría de las personas mayores son independientes y pueden realizar sin ayuda de terceros las actividades de la vida diaria. Por ello, no resulta correcto considerarlos un sector homogéneo que sólo requiere servicios de apoyos o cuidados’. Asimismo, estacan que la autonomía, que es el derecho a decidir sobre la propia vida, así como todos los derechos, no se pierde con los años y es necesario reconocer esta capacidad.

Según la 4ta Encuesta Nacional de Factores de Riesgo del Ministerio de Salud de la Nación (2018), entre los mayores de 65 años se registraron mediante mediciones bioquímicas y antropométricas y autorreporte los siguientes valores: colesterol elevado, 40,9%; hipertensión, 63,8%; glucemia elevada, 14,4% y exceso de peso, 79,7%; consumo de tabaco, 10,2%; déficit de actividad física, 71,1%; y consumo de 5 o más porciones diarias de frutas y verduras, solo el 8%.

Entre los determinantes que influyen en la alimentación y el estado nutricional de las personas mayores, se estableció la presencia de algunas funciones sensoriales disminuidas como la audición, la visión, el olfato, la percepción del gusto e incluso menor salivación y la pérdida de piezas dentarias. Pero también se notó que una ingesta dietética inadecuada puede relacionarse con causas fisiopatológicas en conjunto con problemas sociales, económicos, psicológicos y funcionales.

Al respecto, la Lic. Paula Mizrahi, licenciada en Nutrición e Investigadora remarcó “En las personas adultas mayores, tanto las deficiencias motoras, visuales y auditivas como la dependencia de terceros en la compra y preparación de las comidas repercuten en una menor motivación hacia el acto de comer”.

Las condiciones de salud en esta población se ven alteradas por enfermedades crónicas no transmisibles como las cardiovasculares, oncológicas, respiratorias, metabólicas y neurodegenerativas, en conjunción con síndromes geriátricos como los trastornos cognitivos, de la movilidad, la polifarmacia y la malnutrición”, destacó por su parte el Dr. Matías Manzotti, Jefe de la Sección Geriatría del Servicio de Clínica Médica del Hospital Alemán. 

Entre los trastornos digestivos, los síntomas más frecuentes reportados en el trabajo fueron: acidez, dispepsia, ?atulencia, distensión abdominal, dolor abdominal inespecí?co, hinchazón, dolor de estómago y estreñimiento.

El Dr. Matías Manzotti aclaró que el tratamiento de la desnutrición debe dirigirse a la causa subyacente, así como a su modi?cación dietética, sugiriendo proporcionar suplementos nutricionales orales para pacientes que no recuperan el peso, con ajustes en la preparación de las comidas.

Estos son necesarios cuando la ingesta alimentaria no alcanza para cubrir los requerimientos nutricionales del individuo; aquellos ricos en proteínas son de elección en adultos mayores con úlceras por presión, en postoperatorios y con patologías oncológicas, y también para complementar la alimentación en condiciones crónicas o en enfermedades agudas cuando la persona no puede alimentarse adecuadamente con comidas”, subrayó.

Como conclusiones, el proyecto enumeró diferentes desafíos a considerar, tanto para la elaboración de políticas públicas, como en aquellas acciones desarrolladas desde la sociedad civil y el sector privado.

Desde las políticas públicas, se recomienda, entre otras, favorecer la participación de las personas en todas las fases del proceso de formulación, ejecución, monitoreo y evaluación de políticas; asegurar el cumplimiento de los recomendaciones de la Convención Interamericana de Derechos de las Personas Mayores, que en sus artículos 12 y 19 establecen la seguridad alimentaria y nutricional; desarrollar una canasta básica total para medir la pobreza acorde a las necesidades especí?cas de las personas mayores, que contemple especialmente el gasto en medicamentos y los alimentos adecuados y establecer normativas que regulen el funcionamiento de las instituciones de larga estadía.

Desde la sociedad civil, sugieren generar conciencia de edad en las propias personas mayores, evitando estereotipos negativos; combatir cualquier forma de discriminación; reconocer y responder a la violencia, el abuso y el abandono que experimentan muchas personas mayores; y avanzar en el pasaje de las actividades centradas en la recreación y el uso del tiempo libre hacia aquellas orientadas a la lucha por el ejercicio de los derechos sociales, políticos y civiles de las personas a lo largo de toda la vida. Finalmente, desarrollar ciudades amigables con esta población e integrarlos al mundo digital.

 

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