ENTREVISTA A ANDRéS KOGAN, DIRECTOR EJECUTIVO |

Alegría Intensiva: arte y humor al servicio de la salud

Por Guadalupe Rivero.- La ONG brinda su servicio artístico en el Hospital Garrahan. Se trata de payasos profesionales que son entrenados por médicos. Trabajan mediante la risa con los niños enfermos y sus familias.

Una internación pediátrica conlleva un padecimiento que incluye varios dolores: el físico, el espiritual, el del propio niño enfermo y el de su familia. Esos momentos de dificultad extrema tienen en el Hospital Garrahan un paliativo: el aliciente que otorga un grupo de clowns profesionales a través del arte. Alegría intensiva es una ONG que se dedica a llevar felicidad a los chicos enfermos que llegan a ese nosocomio desde todos los rincones del país. Irene Sexer, Silvina Sznajder, Gabriel Cohan, Luciana Wiederhold y Ariel Kotlar son los cinco actores que, caracterizados como payasos y con un delantal de médico, despliegan sus habilidades en salas de espera y habitaciones, en honor a aquello de que “la risa es salud”. Andrés Kogan, médico pediatra y director ejecutivo de la organización, destacó los logros de este emprendimiento que se financia mediante la responsabilidad social empresaria y con el aporte de particulares.

 

Periodista: ¿Cómo surge Alegría Intensiva?

 

Andrés Kogan: Alegría Intensiva es una iniciativa de Mariano Rosenberg, que es el director general de la organización y mía, que hace muchos años tomamos contacto con la organización brasileña “Doutores da Alegría”. Conocimos este tipo de proyecto de clowns profesionales trabajando en hospitales y nos pareció que era innovador, necesario para trabajar dentro de la internación de los chicos. Era una nueva vuelta de tuerca a lo que es la internación pediátrica en general, algo que no se había intentado nunca en Argentina. Decidimos tratar de replicar este modelo que ya estaba funcionando con mucho éxito en Brasil y también en otros lugares del mundo. En 2003 hicimos un primer intento que no prosperó. En 2007 empezamos lentamente a construir lo que en junio de 2008 nació como Alegría Intensiva y, desde entonces, funciona en el Hospital Garrahan de manera ininterrumpida.

 

P: ¿Cuál es su función en la ONG?

 

A. K: Si bien Mariano Rosenberg y yo somos médicos, nos desempeñamos como directores de la organización. No nos caracterizamos como clowns. Quienes trabajan directamente con los pacientes son artistas profesionales. Son actores y actrices especializados en el arte clown, que son entrenados por nosotros para adaptarse al medio hospitalario. Mi rol dentro de la organización está en la parte de gestión, apoyando lo que es comunicación, dando difusión al proyecto, generando alianzas con empresas y con otras organizaciones para seguir creciendo; siempre apuntando dentro del área de la salud, fusionando arte y salud en beneficio de los chicos internados.

 

P: ¿Cuál es el perfil de los artistas de Alegría Intensiva?

 

A. K: Tienen más de 10 años de formación en teatro y se han especializado en clown, que es un lenguaje particular dentro del teatro, que busca transformar la mirada de la realidad por otra diferente, positiva, esperanzadora. La formación del clown requiere no sólo una muy alta sensibilidad sino el manejo de diferentes herramientas como la voz, algún instrumento musical, malabares y acrobacias que se ponen a disposición del artista en el aquí y ahora, porque la columna vertebral del clown es la improvisación. Siempre hay rutinas que están como preensayadas pero el clown toma esta comunicación que se establece con el chico e improvisa. Por eso es tan importante que sean artistas profesionales, porque tienen que tener la capacidad de recibir esto que surge en un contexto de internación y poder transformarlo y devolverlo de una manera lúdica, alegre. Por eso no trabajamos con voluntarios.

 

P: ¿Cómo es la tarea de la ONG?

 

A. K: Concurrimos al Hospital Garrahan todos los martes del año. Llegamos alrededor de las 9 de la mañana, los artistas van de civil, se caracterizan, se maquillan, se ponen la ropa de payaso y por encima un delantal blanco. Esto ayuda a desdramatizar un poco la imagen del médico: esa imagen del médico estoico, blanco, pulcro e intocable que muchas veces es la que reciben los chicos y los familiares. La primera acción se desarrolla en las salas de espera con un formato tipo arte callejero, donde los cinco artistas interactúan juntos con el público que se va reuniendo. La gente empieza a pararse y acercarse a donde están los artistas para poder distraerse y presenciar este show. Luego viene un segundo momento en las salas de internación. Allí se trabaja en parejas o en tríos con un formato mucho más íntimo, más personalizado al pie de la cama de cada uno de los chicos. Es un momento de mucha intimidad que se desarrolla entre los papás y los niños que vienen de lugares muy distantes del país. Muchas veces los artistas son la única visita que reciben. Además, algunos de los chicos nunca han tenido la oportunidad de ir al teatro, con lo cual es muy fuerte ver el cambio y la transformación que se produce a partir de esto.

 

P: ¿Cómo cree que influye la risa dentro de un tratamiento pediátrico?

 

A. K: Somos muy cuidadosos de aclarar siempre que son artistas los que están llevando adelante esto. Nosotros gestionamos y mejoramos la relación con el personal de salud pero estamos tras bambalinas. Lo que hacemos es sumar otra disciplina a las muchas que se dedican a mejorar el tratamiento y la calidad de internación de los chicos. Hoy la tendencia es trabajar de forma interdisciplinaria y sumar distintas especialidades para que se vayan sinergizando con el bien último de mejorar la atención y ver más globalmente a los niños. Estoy convencido de que esta manera de trabajar mejora la salud final de los pacientes internados, aunque no sea sólo por esta única acción. Esto sumado a la terapia médica de primer nivel, a la buena contención de las enfermeras, a la magnífica labor de psicólogos y asistentes sociales, sumado al gran trabajo de nuestros artistas, termina llegando como un gran beneficio para los chicos. Toda esta sumatoria es la que cura y no la risa sola como único remedio. Estoy muy orgulloso de ir abriendo nuevas especialidades que aportan desde otro lugar su arte y su saber para aliviar a los niños y sus familiares internados.

 

P: ¿Cómo fue recibida esta disciplina por el ámbito médico y por las familias de los pacientes?

 

A. K: Nos han recibido muy bien desde el comienzo. En algunas ocasiones, cuando llegan los artistas con una guitarra o tocando el acordeón y caracterizados como payasos con un guardapolvo, siempre hay algunos que miran por encima del hombro, con cierta desconfianza. Pero al verlos trabajar y transformar las caras de los chicos y sus familias, eso rápidamente desaparece. Son bienvenidos a sumarse al hospital.

 

P: ¿Los médicos participan en la tarea actoral?

 

A. K: Los médicos interactúan con nuestros artistas. El trabajo se desarrolla en las salas de internación, salas que vamos repitiendo por períodos de 2, 3 o 4 meses. Los médicos van entrando en confianza, van afianzando los vínculos con los artistas y se van sumando a la interacción, como parte del público. Lo que vemos es que se va transformando el clima de trabajo, de los mismos médicos entre sí, entre las enfermeras, y los padres. Se va dando toda una transformación a partir del ingreso de los artistas al medio hospitalario.

 

P: ¿Cómo fue la experiencia en el teatro El Nudo durante las vacaciones de invierno?

 

A. K: El desarrollo de la obra de teatro era un objetivo que teníamos desde el año pasado. Pudimos reunir un equipo de primera división para este proyecto. La directora fue Mariana Briski; Carlos Gianni hizo la música de la obra; Azul Borenstein se encargó de escenografía y vestuario y nuestros mismos cinco artistas que desarrollan su tarea en el hospital fueron los protagonistas de la obra de teatro. Lo que queríamos hacer era contarle al público y a toda la familia cuál era la tarea de Alegría Intensiva, cuál era esta transformación que se genera, a partir de una historia que se fue nutriendo de muchas historias que se dieron en el hospital en estos dos años continuos de trabajo. La experiencia fue hermosa: la sala estuvo llena durante las casi 20 funciones en la calle Corrientes, en plena temporada, con una oferta enorme de espectáculos y con muy buena repercusión y muy buenas críticas. Chicos que estuvieron internados en el hospital nos vinieron a ver. Médicos, enfermeras, asistentes sociales y administrativos del Garrahan se acercaron a ver la obra. Quedamos encantados con lo que pasó.

 

P: ¿Cuál es la mayor satisfacción que le genera ser parte de Alegría Intensiva?

 

A. K: Es la de estar aportando en concreto este granito de arena para que la internación pediátrica sea de mejor calidad. Estamos dando una vuelta de tuerca a la manera de atender a nuestros chicos, para que pensar un hospital sin una sala de juegos y sin payasos profesionales sea imposible de acá a 5 o 10 años.

 


Entrevista de Guadalupe Rivero

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