AFECCIóN CARDíACA |

Fibrilación auricular, mucho más que un pálpito

Si no se trata a tiempo, puede generar un ACV. Pero la detección es fácil y hasta puede hacerse una prueba en casa.

¿Suele sentir palpitaciones y fatiga? Si es así, podría tener fibrilación auricular, un problema en el ritmo cardíaco que aumenta el riesgo de accidente cerebrovascular. Tiene tratamiento, pero para ello es necesario detectar el trastorno a tiempo mediante una sencilla prueba.

 

El corazón está compuesto por cuatro cavidades: dos aurículas en la parte superior, y dos ventrículos en la parte inferior. Gracias a una señal eléctrica, estas cavidades se contraen y se relajan en forma sincronizada, lo que permite bombear la sangre a todo el cuerpo. Pero una falla en esta señal puede provocar una irregularidad en las contracciones de las aurículas y entorpecer el suministro de plasma.

 

Como consecuencia de la acumulación de sangre en las aurículas debido a esta descoordinación, se pueden formar coágulos que, si se dirigen al corazón, serían capaces de provocar un accidente cerebrovascular y la muerte. Otra posible complicación de la fibrilación auricular es la insuficiencia cardíaca, un trastorno por el cual el órgano vital no puede bombear una cantidad suficiente de plasma para satisfacer las necesidades corporales.

 

Por lo general, la afección se origina en cambios que atraviesa el corazón por una enfermedad cardíaca o en la hipertensión arterial. También puede deberse a defectos congénitos, a la exposición a sustancias estimulantes (como el alcohol o el tabaco), a un problema en la tiroides y a una cirugía previa en el área. Se manifiesta en forma de episodios (ocasional) o puede ser un cuadro crónico.

 

Los síntomas que suelen aparecer son palpitaciones, frecuencia cardíaca irregular y acelerada, disminución de la presión arterial, debilidad, falta de aire, dolor en el pecho y confusión. Una persona con fibrilación auricular puede llegar a tener de 100 a 175 latidos por minuto, mientras que la cifra normal es de 60 a 100.

 

Esta afección puede detectarse en un examen físico, mediante un electrocardiograma, un ecocardiograma y un Holter, por citar algunos ejemplos. Pero también puede hacerse una sencilla prueba en casa: tómese el pulso en la muñeca o en el cuello y comience a dar golpecitos con el pie, con cada pulso, a un ritmo regular. Si se produce un desfasaje entre el golpeteo contra el piso y los latidos, repita la prueba una hora después. Un nuevo patrón irregular en el ritmo cardíaco podría ser un indicio de fibrilación auricular. En este caso, debe consultarse al médico para que realice exámenes que permitan confirmar el diagnóstico.

 

Qué tratamiento escogerá el profesional dependerá de por cuánto tiempo el paciente haya tenido el problema, cuánto le afecten los síntomas y cuál sea la causa subyacente de la fibrilación. En ciertas personas, puede ser suficiente con tomar medicamentos para controlar el ritmo cardíaco o para prevenir la formación de coágulos. En otras, podría requerirse una cirugía u otro tipo de intervención mediante el uso de catéteres. Además del tratamiento, siempre es importante que el paciente siga una dieta sana, que haga ejercicio, que no fume y que reduzca el consumo de sal y de estimulantes.

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