Pseudocrisis: cuando parece epilepsia pero no lo es

Por la Dra. Graciela Romanó*.- Se calcula que el 20% de los pacientes tratados como epilépticos no responden a la medicación. Una de las posibles causas es que sufren diferentes tipos de eventos no epilépticos denominados pseudocrisis. El diagnóstico preciso es fundamental para la mejoría, pero se calcula que el error en la detección es del 30%.

Una crisis epiléptica es una alteración brusca y transitoria causada por una actividad anormal de las neuronas que puede causar, además de sensaciones emocionales y comportamientos extraños, espasmos musculares y pérdida de conocimiento. Las principales causas para su ocurrencia en los niños son los trastornos perinatales, las infecciones intrauterinas, toxoplasmosis, rubéola, citomegalovirus o herpes. Entre las causas genéticas se encuentran los trastornos en el parto, las alteraciones metabólicas y las malformaciones del sistema nervioso central. Pero también puede darse a causa de infecciones como meningitis y encefalitis.

 

La epilepsia es la predisposición a sufrir crisis epilépticas repetidas y la padecen del 5 al 10 % de la población. A su vez, el 20% de este grupo sufre de epilepsia refractaria, lo que significa que no responden a medicación, limitando así su calidad de vida.

 

Uno de los posibles motivos por los que no se obtiene respuesta de la medicación puede ser debido a que el paciente no sufre realmente de epilepsia. Esta enfermedad debe ser distinguida de una gran variedad de eventos no epilépticos denominados pseudocrisis que son trastornos paroxísticos (de aparición brusca) con manifestaciones similares a las crisis epilépticas pero que pueden tener origen neurológico o psiquiátrico. En este sentido, un correcto diagnóstico es fundamental para la mejoría del paciente y es justamente el inicio de su tratamiento: se calcula que el error de diagnóstico de la epilepsia es aproximadamente del 30 %.

 

Pseudocrisis en recién nacidos y niños

 

Las pseudocrisis que presentan los recién nacidos son generalmente fenómenos motores de naturaleza no epiléptica, benignos y que no alteran su neurodesarrollo. El más común es el temblor, movimiento oscilatorio, involuntario y rítmico de alta frecuencia y baja amplitud, como el de la barbilla que es desencadenado por el llanto. Se calcula que 2 de cada 3 bebés recién nacidos sanos presentan temblores durante sus primeros tres días de vida que suelen desaparecer poco tiempo después.

 

Los temblores denominados “finos” son benignos y están asociados a un reflejo natural de estiramiento. Pero cuando se presentan los llamados “gruesos” pueden deberse a una patología intra-craneana que hay que determinar. Si el temblor es excesivo, puede ser que durante la gestación del bebé la madre haya abusado de drogas como la cocaína, la marihuana o aquellas utilizadas para la rehabilitación; o porque pudo haber inhalado determinadas sustancias volátiles del ambiente que son perjudiciales para la salud.

 

Pero también existen otros tipos de pseudocrisis en recién nacidos como el mioclonus de sueño que consiste en pequeñas sacudidas de un miembro debido a una contracción muscular breve e involuntaria durante este período. Normalmente es benigno, se debe a una inmadurez en el tronco y el neurodesarrollo del bebé es totalmente normal. Se trata de un fenómeno esporádico: generalmente ocurre hasta los 35 días y luego desaparece.

 

Los cuadros más complejos que pueden presentarse son la tortícolis paroxística benigna, episodio de flexión lateral de cuello asociada con vómitos y movimiento anormal de ojos; o la hiperplexia neonatal que consiste en una rigidez muscular generalizada.

 

Es importante tener en cuenta que en los lactantes pueden darse otros episodios que también forman parte del grupo de eventos paroxísticos no epilépticos: apnea, otros eventos cianóticos, hiperexitabilidad y eventos relacionados con el sueño, como terrores nocturnos y narcolepsia.

 

En niños más grandes, debe tenerse en cuenta episodios vasovagales, eventos relacionados con la fiebre, tics, estereotipias, migraña, ataques de pánico y de ansiedad.

 

Existe una significativa variedad de eventos epilépticos y no epilépticos que presentan gran dificultad diagnóstica, lo cual provoca un dilema diagnóstico para el profesional. Los eventos no epilépticos son dos veces mas comunes que los epilépticos, muchos de estos casos deben ser presentados como eventos paroxísticos no clasificados. Es fundamental frente a estos episodios hacer la consulta apropiada con un especialista para poder definirlo e iniciar un tratamiento precoz, evitando así esquemas farmacológicos prolongados.                       

 

 * Consultora de Neuropediatría del Sanatorio de los Arcos

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