Maternidad niñez
Niños que se alimentan mal

Cómo detectar si tu hijo sufre un trastorno de alimentación



Los trastornos de la alimentación en la infancia son, cada vez más, un desafío para padres y madres. Los especialistas advierten sobre una creciente manifestación en sus consultas de trastornos como la malnutrición, la obesidad y la anorexia nerviosa.

Actualmente, en la clínica, se observan diferentes manifestaciones en la gestación de ese vínculo: niños que se niegan a comer frente a una demanda insistente por parte de los padres, otros que comen sin ningún tipo de límites ni horarios, que comen desenfrenadamente, niños que vomitan después de cada alimento, otros que comen solamente líquidos o semilíquidos y se niegan a comer sólidos, niños que comen alimentos de un solo tipo y color o que comen una sola variante. Todo este tipo de manifestaciones que aparece en la primera infancia son fenómenos en los que hay que intervenir tempranamente a modo de prevención del desarrollo de trastornos alimentarios en la adolescencia.

 

Cómo actuar ante desórdenes alimentarios

Es fundamental que la madre interprete y le brinde significación al pedido de su hijo, pero es necesario transmitir el concepto de que, una vez satisfecha la necesidad básica, el niño requiere afecto expresado en caricias, besos y sobre todo palabras. Esto permitirá que no confunda los momentos en que siente hambre, con aquellos en que otra sensación le genera displacer o malestar. A tal efecto, es importante que la madre no lo alimente ante cada momento de llanto, frustración o angustia, reemplazando el alimento por palabras.

Muchas mamás tranquilizan a su hijo colocándolo al pecho ante cada circunstancia. Esto genera en muchos casos también trastornos del sueño, dado que, en la etapa en que el lactante transcurre la angustia del octavo mes comienza a despertarse varias veces durante la noche, ya que necesita el contacto con su madre, pero recibe además, por añadidura, la oferta del alimento.

Es importante también recomendar a las madres, cuando el niño comienza a alimentarse con semisólidos, permitir la participación activa del chico, que pueda experimentar con sus propias manos las distintas texturas y consistencias de los alimentos. En esa etapa de la vida, donde se está constituyendo el espacio interior y exterior, el niño introducirá y luego sacará de su boca repetidamente el alimento con esta finalidad. El horario de la alimentación no debe extenderse indefinidamente ni confundirse con el juego. Se debe evitar también el uso de los alimentos como premios o castigos ante determinadas conductas. El alimento no es un premio.

 

El mejor tratamiento

La atención interdisciplinaria del paciente, en un equipo comandado por el médico pediatra de cabecera, será fundamental. Hay que observar tanto la salud física como psíquica del niño y de su entorno familiar.

En relación con estas patologías, y su difícil control una vez instaladas, nada mejor que realizar acciones tendientes a prevenirlas desde lo más íntimo, el vínculo temprano que atañe a dos: madre e hijo desde los primeros días, ampliando luego estas acciones al resto de la familia, y luego la escuela, ámbito en el que transcurre gran parte de la vida del niño.

 

 

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